La contracrónica del Viña Rock 2022: los verdaderos protagonistas no estaban el escenario

El regreso del Viña Rock 2022 ha supuesto mucho más que un festival: la música ha vuelto
La contracrónica del Viña Rock 2022: los verdaderos protagonistas no estaban el escenario
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Las líneas que estás a punto de leer podrían tratar de La M.O.D.A., Rulo y sus noches de Contrabanda y Fuga, Los Porretas, Obús, Zoo, Sôber, El Niño de la Hipoteca, Boikot, Ciudad Jara, Reincidentes o Def Con Dos, solo por citar a algunos de los muchos -y geniales- grupos que pasaron por allí. Sin embargo, hoy quiero hablar de los otros protagonistas del Viña Rock 2022: sus nombres son Gaspar, María, Tony, Kike o Alex, en mi caso, pero también los de las decenas de miles de personas que asistieron a Villarobledo.

Y es que, más allá de la música, el regreso del Viña Rock tras dos años de pandemia supuso, también, el regreso de eso que tanto echábamos de menos de los festivales: la alegría de compartir con otros seres humanos, de conocer a gente nueva, la de compartir una cerveza con alguien a quien acabas de conocer. Durante unos días, el miedo que hemos pasado en los dos últimos años pasó a un segundo plano. Lejos quedaban, a mi llegada a Villarobledo, los días del toque de queda, las limitaciones de seis personas en casa, la acusada lejanía de la familia o, a quienes hemos tenido la peor suerte de todas, la pérdida de aquellos a los que más queríamos. Por un momento, incluso con la simple alegría de llegar y plantar nuestras tiendas, antes de entrar al recinto y de disfrutar de los conciertos, volvíamos a aquel mundo paralelo que tanto nos gustaba, el de los festivales, el de ser 100% tú mismo, amistad y, por qué no, también el del cansancio físico al que hace tiempo que no me enfrentaba.



Mi historia comienza cuando, al día siguiente de la fiesta de bienvenida, me encontraba desayunando bajo la lluvia. Mi triste donut y mi café soluble, empapados, evidenciaban la falta de preparación con la que había llegado al festival. Con una tienda pequeñita, un saco, un par de sillas y una mesa, sin un triste toldo, me enfrentaría al sol, a la lluvia y a la suciedad. Entonces, ocurrió algo que casi ya se me había olvidado: un grupo de personas me invitó a sentarme con ellos bajo su lona en lo que se convertiría en el principio de una genial aventura.

El resto de la historia puedes imaginártela porque seguramente tú también la habrás vivido, ya se en este o en otros festivales pasados. Y es que, tras estos dos años, poder volver a disfrutar de un festival, de pie, sin mascarillas, bailando como si no hubiera un mañana, es casi un sueño hecho realidad. Gente de todas las edades se juntaba para disfrutar de los conciertos, también volvieron los disfraces (¡gracias, Wally, por hacerte esa foto conmigo!) y los encuentros fortuitos. ¡Qué experiencia!

Vuelve todo... hasta lo malo

Pese a todo lo bueno del regreso de los festivales, también lo hizo lo malo. Sí, es verdad que hace mucho que no disfrutábamos de una experiencia así, pero fallos de organización como los de las barras – hay quien llegó a pedir una hoja de reclamaciones porque decían que no quedaba Red Bull cuando había varios palés a la vista- y las colas kilométricas, tan frecuentes antes de la pandemia, volvieron a hacer acto de presencia.



No puedo decir que esto fuera algo disfrutable, aunque sí que se vive con algo más de dulzura, casi como quien echa de menos los defectos de un ser querido al que hace años que no ve. Luego, aunque no tenga mucho que ver con el rock, lo cierto es que muchos -parece que ni los propios músicos- seguimos sin entender cómo en los horarios se llegaron a solapar dos grandes del rap como SFDK y Kase O, especialmente cuando hace no tanto publicaron una canción juntos. Cosas de la vida.

También vuelvo yo... ¿pero soy el mismo?

Por último, algo totalmente subjetivo: me he dado cuenta de que la persona que fue al Viña Rock 2022 no es la misma que pululaba, por ejemplo, por el Hellfest francés de 2018, aunque parezca que fue ayer.

Y es que, si en algo he notado la pandemia, es en que ya no vivo igual las aglomeraciones de gente. El tipo que iba de pogo en pogo y buscaba la primera fila a toda costa ahora prefiere la parte de atrás y tener un par de metros de espacio para bailar. Una vez más, supongo que son cosas que pasan. Lo mismo han sido estos dos años o, quizás, simplemente, me hago viejo. ¡Menudo agobio en según que momentos!



Aún con todo, también he aprendido a valorar, al mismo tiempo, el privilegio de poder vivir -como rezaba el eslogan del Viña este año- libres un evento de este tipo. Visto lo visto, no sabemos lo que puede durar. Mientras tanto, disfrutemos y, si queréis, el año que viene, quedamos en la segunda columna frente a la barra para seguir cantando. Yo, desde luego, estaré allí.



RockFM