Crónica de Pearl Jam en Barcelona: no renacen, porque nunca han muerto

Los de Eddie Vedder demuestran que nada les puede frenar en su visita a Barcelona
Cordon Press

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¿Sabes todas esas palabras tan usadas en las crónicas de conciertos? Que si tal o cual grupo ha "renacido", se ha "reinventado", o han "resurgido de sus cenizas" (esta la odio especialmente). Pues aquí no se va a usar ninguna de esas expresiones. Y es que nada de eso pasó en el Palau Sant Jordi la noche del sábado. Los Pearl Jam no pueden renacer, porque nunca han muerto.

Sí, es cierto, les ha costado años lanzar un disco tan redondo como 'Dark Matter' y, aún así, seguro que tú y yo somos de los nostálgicos que sabemos que nunca superarán al 'Ten' o al 'Vitalogy'. La voz de Eddie Vedder no es la misma, están más mayores (tú y yo también), y los que una vez enarbolaron con fuerza la bandera del grunge, del inconformismo y de la lucha contra el "stablishment" ahora se han alojado en el Mandarin, un hotel de super lujo en la zona más pija de Barcelona. Da igual. Se lo perdonamos todo. Y lo hacemos porque teníamos hambre de Pearl Jam. Porque hacía seis años que no pasaban por Barcelona y por que todos nos acojonamos, y mucho, al ver que suspendían no uno ni dos, sino tres conciertos de su gira europea, precisamente los tres anteriores a su paso por la Ciudad Condal.

Agarramos con fuerza nuestra entrada (todas carísimas, Eddie, querido...), y montamos en casa nuestro altar sagrado: Kurt Cobain en el centro, Chris Cornell a un lado y su gran amigo Eddie Vedder al otro. Y les rezamos todo lo que sabíamos para que no suspendieran también su concierto en el Sant Jordi. Y funcionó. Y se lo seguimos perdonando todo cuando, a las 21.04 de la noche, puntualísimos a su cita, Pearl Jam salió al escenario y sonaron los primeros acordes de "Footsteps", uno de los primeros temas de su carrera. Y solo a ellos se les puede ocurrir abrir un concierto con una cara "B", y solo los más de 15.000 "pearljamistas" que ayer (casi) llenaron el Sant Jordi son capaces de corear el tema como si de un gran hit se tratase. Y es que ya os lo he dicho: Veníamos con ganas de perdonárselo todo, de celebrarlo todo. La voz de Eddie sonó bien. Ningún susto en ese aspecto. La oímos potente y segura. Y digo que "oímos" a Eddie porque verlo, lo que se dice verlo, tardamos en conseguirlo. Y es que el concierto arrancó casi a oscuras, con apenas unos focos de luz blanca y... nada más. Los afortunados que estaban en las primerísimas filas quizá pudieron verle la cara. El resto tardamos media hora en conseguirlo.

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Yo ya empezaba a pensar que alguien les había dicho el precio al que va la luz en España y todo el concierto iba a ser así... pero a la media hora, por fin, el color y los focos potentes inundaron el escenario y si pudimos ver a la banda en todo su esplendor. Siguió la noche con "Nothingman", con "Present Tense" y con "Corduroy" quedó claro que Pearl Jam había venido a ganar, y por goleada. Nada de juegos de luces, ni de super pantallas por todos lados... un escenario sobrio, podría decirse que hasta pobre, pero que yo les agradecí. Les agradecí su "verdad", que quisieran tocar sin artificios, sin parafernalias innecesarias, sin sacar conejos de la chistera (o, mejor dicho, de la eterna gorra de medio lado de Vedder). Quieren ser ellos mismos, sin más, los de siempre, lo de hace 30 años. Y... no lo consiguen del todo, porque todo ha cambiado. Porque ha cambiado Seattle y ha cambiado el mundo, porque ha cambiado su edad y sus cuentas corrientes, pero os repito que el sábado se lo habríamos perdonado todo.

Sonaron temazos como "Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town" y, como todos sabíamos que iba a pasar, fueron también generosos con los temas de su último disco: 'Dark Matter'. Sonó la canción que da nombre al álbum, y varios temas más: "Scared of Fear", "React", "Respond", "Wreckage"... Momentazo el increible solo de guitarra del "Even Flow" que se marcó Mike McCready, que demostró estar en plena forma y enloqueció al público cuando tocó la mitad del tema con la guitarra en la nuca.

En varios momentos de la noche Eddie Vedder se dirigió al Sant Jordi en castellano, leyendo de una chuleta que tenía en el escenario. Confesó que las últimas semanas habían sido duras para ellos, "hemos sufrido penurias y dolor", dijo en un castellano algo peor que el que habla mi sobrina de 3 años. Llegaron los bises, y Vedder se quedó a solas en el escenario, ya sin gorra pero ahora con sombrero, para tocar, en plan íntimo, "Just Breathe", y se emocionó explicando, esta vez en inglés, la grave afección que lo dejó varios días en un hospital, cuando "no podía respirar, no digamos ya cantar".

El final estuvo a la altura del resto del concierto, de un gran concierto. Sonó el "Alive" como una gran declaración de intenciones, y la catarsis si que fue total con decenas de miles de gargantas cantando con Pearl Jam aquello de "I'm still breathing, I'm still breathing, I'm alive". No hubo trampa ni cartón, y en los tiempos que corren, eso siempre es de agradecer. Kurt Cobain dijo una vez "Pearl Jam me resultan ofensivos". Lo siento Kurt. Barcelona no estuvo para nada de acuerdo contigo. Gracias Pearl Jam.

Por: Jordi Tuñón

RockFM