Despedirse a lo bestia de su padre, un “viaje” con John Lennon y otras locuras de Keith Richards

Para celebrar el cumpleaños de Keith Richards, te contamos cinco de sus mejores anécdotas 
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No todos los días se puede celebrar el cumpleaños de uno de los Rolling Stones y, desde luego, el de Keith Richards siempre es una gran fiesta. Eso sí, daría igual lo que montásemos y de qué manera lo hiciésemos porque, al final, el bueno de Keith siempre encontraría una manera de superarlo. Y es que el guitarrista ha tenido una vida plagada de toda clase de locuras y, puedes creernos cuando te decimos que, al final, muchas no lo han sido en el buen sentido de la palabra. Aunque ahora ya esté mucho más calmado, se podrían escribir ríos de tinta contando las peripecias de Richards. Es por eso que hoy, para celebrar el cumple del legendario Stone, te contamos cinco de sus mejores -o peores- anécdotas de Richards.


1. “Bye dad”

Despedirse de un ser querido no siempre es fácil. Quizás es por eso que el bueno de Keith acabó decidiendo que su padre estaría dentro, pero que muy dentro de él. Tras su muerte en 2002, Richards incineró a su padre y le metió en una urna. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, un día, decidió que era el momento de rendirle homenaje, de decirle adiós como se merecía. 

¿Qué se le ocurrió al Rolling Stone? Pues que, como su difunto progenitor amaba la naturaleza, utilizaría sus cenizas como abono de un árbol que plantaría en su jardín. El cícurlo de la vida, la materia no se crea ni se destruye, las cenizas del señor Richards darían vida a un nuevo ser vivo. En realidad, era una preciosa idea, ¿qué podía salir mal? La respuesta, como decía Dylan, estaba soplando en el viento. Tanto sopló que algunas de las cenizas que iban destinadas al árbol acabaron en la mesita del jardín de Keith. 

“No pude resistirme”, contó en una entrevista a posteriori. Y es que el guitarrista no tuvo otra idea mejor que coger, decir: “adiós papá” y esnifarse los restos mortales del pobre hombre. “A mí padre no le hubiera importado, le importaba una mierda todo”, contó después a NME. 

 2. Con John Lennon hay viajes y “viajes”

En su biografía 'Life', Richards recuerda que, a finales de los '60, le dio muy fuerte a las drogas alucinógenas. Esto no sería una anécdota en la vida de un rockero de aquella época si no fuera porque el guitarrista de los Stones compartió “viaje” con uno de los artistas más icónicos de la historia, John Lennon. Y es que, después de conocer al Beatles, ambos decidieron irse tres días de viaje bajo la fuerte influencia del LSD. En realidad, ninguno de los dos recordaba mucho de lo que había pasado en aquella aventura por Inglaterra que les llevó de Torquay a Lyme Regis. Solo Kari Ann Moller, quien se acabaría casando con el hermano pequeño del guitarrista, recuerda la mayor parte de aquel road-trip. Al parecer, años después, Lennon y Richards se volvieron a encontrar y el primero le preguntó al segundo qué demonios había ocurrido en aquellas turbulentas jornadas. 
 

3. El pastel de carne es intocable

Unos cuantos miles de fans de los Rolling Stones se estuvieron a punto de quedar sin concierto en 1989 cuando la banda pasó, con su “Steel Wheels Tour”, por Toronto, Canadá, un frío diciembre. Los organizadores del show tuvieron a bien tener el bonito detalle de recrear un pub inglés en el catering, pero lo que no se esperaban era que a Keith Richards le gustara mucho el pastel del pastor, un pastel de carne con puré de patatas por encima. ¿Qué ocurrió? Pues que el guitarrista llegó tarde y no quedaba nada del delicioso manjar. 

¿Qué haría una persona normal? Pues resignarse y, si eso, después del concierto, irse a un buen restaurante. Keith Richards no es una persona normal. El guitarrista se negó a subirse a tocar hasta que no le trajeran otro pastel de pastor para el digusto y la furia de Mick Jagger. Ahora, una de sus reglas cuando está de gira es que nadie toca la tarta hasta que él ha llegado al recinto. ¿Se comerá una por su cumple? 

4. Nueve días sin dormir

La mayor parte de los seres humanos se rendirían después de un par de noches sin dormir a lo sumo. Sin embargo, el bueno de Richards, durante la grabación de 'Some Girls' en 1978, se tiró la friolera de nueve días sin pegar ojo. ¿Cómo acabó la cosa? Mal, muy mal, porque el guitarrista acabó durmiéndose de pie y cayendose al suelo y golpeándose la cabeza solo para despertarse en un charco repleto de sangre. Eso sí, el guitarrista lo aguantó y, como otras tantas veces, salió airoso del asunto. 

 5. Se llevó un “hit” de Chuck Berry, pero no es lo que piensas

Keith Richards se ha codeado con algunas de las mayores estrellas de rock de la historia, pero no se llevaba bien con todas, entre sus peores accidentes fue el que tuvo con Chuck Berry. Un día, en backstage, ambos guitarristas se encontraron en el vestuario del recinto. Según cuenta Keith, Chuck se iba ya a casa, solo le quedaba cobrar. Su guitarra estaba, reluciente, reposando sobre su funda. ¿Cómo iba Richards a poder resistirse a tocar la guitarra de Chuck Berry? Sin embargo, cuando el Rolling Stone decidió cogerla y tocar un Mi, Berry apareció furioso y le metió un puñetazo en la cara al grito de “¡nadie toca mi guitarra!”. Desde luego, uno de sus mejores “hits”. 

RockFM