El día que rescaté a los Beach Boys de la calle

Hoy, el día en el que se cumplen 54 años de “Pet Sounds”, Jorge Vileilla, revisa las claves del álbum y recuerda una anédota con ellos.
El día que rescaté a los Beach Boys

 

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Era 21 de julio de 2014, The Beach Boys (o lo que es lo mismo: Bruce Johnston y Mike Love) actuaban en el Jardín Botánico de Madrid y, o bien por las cosas que tiene la infoxicación, o bien por no estar trabajando el concierto directamente, no me enteré de la cita. La cuestión es que sin comerlo ni beberlo viví una de las anécdotas más curiosas y divertidas de mis años en radio.

Los compañeros de la convencional, me avisaron de que en el magazine de la tarde iban a tener diez minutos con Mike Love y Bruce Johnston de The Beach Boys y que, aprovechando, les comentarían la posibilidad de poder pasarse por RockFM para unas preguntas, así que tras la “breaking new” y con menos de una hora para prepararlo, me puse a revisar los viejos discos y libros de la banda y a poner la mente en modo “on” para refrescar todo mi conocimiento sobre “Los chicos de la playa."

A a la hora pactada bajé al hall y no estaban, pregunté a nuestro simpático portero Alberto y me dijo que por allí no había pasado nadie que encajara con la descripción que le estaba dando, así que llamé a Alejandra (la productora que me chivó la noticia) y me respondió:

Jorge, no han llegado a tiempo y hemos tenido que avanzar en el programa, no sé qué ha pasado, pero no han venido, nos han dejado colgados, lo siento…

Tras el bajón y para consolarme, bajé a la máquina a por un refresco y cuando regresé al hall me quedé helado, me encontré la dantesca escena de Mike Love, Bruce Johnston y su representante siendo amablemente acompañados por un becario hacia la puerta de la radio. Yo, flipando, solté el refresco, salté el torno a lo Tom Cruise en Mission Impossible y, para su sorpresa, les abordé en plena calle. Les conté que teníamos una radio de rock y que nos encantaría entrevistarles si ellos querían, pero me contestaron que la televisión les esperaba y que no querían restrasar más su plan. Tal debió ser mi cara de decepción que a los tres metros de alejarse, se juntaron entre ellos cuchicheando, y regresaron donde estaba para decirme:

"Mira, no tenemos mucho tiempo, pero nos  ha gustado tanto lo que le has contado y estamos tan encantados de que nos programeis, que vamos a estar unos minutos con vosotros..."

Y así, más más ancho que largo, bajé a los estudios de RockFM acompañado ni más ni menos que por Mike Love y Bruce Johnston. Avisé a Raúl Carnicero y Marta Vázquez que eran los únicos que estaban aquella mañana allí, y de esta manera pudimos grabarles y charlar unos minutos con ellos. Además, pudimos hacernos unas fotos y que nos firmaran el último número de la edición española de Rolling Stone que casualmente ilustraba su portada con una de sus legendarias fotos.

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Y sí, parecían más bien dos guiris desorientados por Benidorm con gorras de los Beach Boys que dos glamourosas estrellas del rock, pero sólo hizo falta mirarles un poco a los ojos para entender que todo lo que han vivido de primera mano  no es, ni más ni menos, que esa historia que tanto nos apasiona y por la que nos dejamos la vida: la del rock.

Sin duda, un gran día para recordar.

PET SOUNDS, 54 años. 

Que Brian Wilson no surfeara y tampoco encajara en los cánones estéticos de su tiempo fue crucial no sólo para poder convertirse en el retratista oficial de las fiestas de la playa y la way of life californiana, sino también para poder ganar perspectiva y meditar cuáles serían los siguientes paso estilísticos de la banda.

Brian, genio creador e indiscutible líder en la sombra de los Beach Boys, supo enseguida que la voz que le hablaba en su cabeza no procedía de este mundo y, de alguna manera (y con mucha ayuda), aprendió a escucharla, entenderla y actuar en consecuencia a sus dictados. A los pocos años de comenzar la banda, también decidió que no quería tocar en directo ni salir de gira, que eso le quitaba fuerza para componer y llegar a sus objetivos. Y lo que su cabeza le mostraba no era ni más ni menos que un camino difícil hacia la excelencia compostitiva que pasaba por la deconstrucción del pop, la integración de los arreglos orquestales, las excentricidades llevadas al límite y la perfección obsesiva (recordemos que la mezcla de “Good Vibrations” tardó siete meses en completarse).

Cuando acabó “Pet Sounds” y lo mostró a su entorno cercano, nadie daba crédito, pero finalmente tuvo que ser así sí o sí (ya se acabó “comiendo” el ‘Smile” más tarde). El barroquismo del que hace gala era algo nunca visto hasta entonces en la música popular, ese “siguiente nivel” al que quiso llevar la instrumentación de una banda pop sigue siendo de una sofisticación impropia para un chaval de veintipocos años. El mismo que comenzó haciendo sencillas canciones para animar las fiestas de sus amigos en la playa y que, en algún momento viajó al futuro  para traernos una fusión que ahora, 54 años después y con el mundo globalizado e hiperconectado,parece que comenzamos a entender.

“Pet Sounds” es la radiografía mental de un genio que interpretó el mensaje que las musas del futuro mandaron a su cabeza y lo tradujo en un álbum eterno.

¡Viva “Pet Sounds”!

RockFM