Javier Vargas, el sobrino de Mick Jagger y un álbum de lo más explosivo

Javier Vargas nos trae "lo mejor de lo mejor" de su amplia carrera musical
Javier Vargas, el sobrino de Mick Jagger y un álbum de lo más explosivo

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Javier Vargas no da tregua. El maestro español de la guitarra eléctrica volverá el 10 de diciembre con un nuevo álbum en formato digital 'The Very Best Of'. Este trabajo recopilará las mejores canciones que firmó Vargas Blues Band en sus casi tres décadas de trayectoria; con la particularidad de que serán versiones inéditas en directo o regrabadas y con colaboraciones. Dentro de los 10 temas que tendrá el disco, también estarán varios del proyecto Vargas & Jagger, donde el cantante John Byron Jagger -sobrino de Mick Jagger-, pone voz a las composiciones más rockeras de Javier Vargas.

El primer adelanto de 'The Very Best Of' es "Blues Latino" en directo; una delicada pieza de blues con sazón latino que dibuja en su elegante desarrollo diferentes pasajes sonoros de la mano de esta leyenda viva del blues español, latino y mundial.

"Nací con el blues y he recorrido un largo camino. Mi viaje empezó a finales de los 60 y, a partir de ahí, todo lo que vi y aprendí me convirtió en quien soy. Estoy deseando contaros parte de este viaje en este nuevo álbum 'The Very Best Of ft. John Byron Jagger' (live) con mi tema bandera 'Blues Latino en Directo'", afima Javier Vargas.

Mil historias para contar y una especialmente emocionante

Los 70 fueron una década especialmente buena para la música. Corría el año 74 en la ciudad de Caracas y llevábamos viviendo allí desde el 71. Años atrás, a mediados de los 60, habíamos vivido con mis padres en Argentina un tiempo en el que me dediqué a ir a la escuela, cosa que, si voy a ser sincero, odiaba... cada día era un ejercicio de supervivencia, hasta que en algún momento, por medio de un vecino que tocaba en un grupo, pude tener acceso a vinilos de la época de The Beatles, los Stones, Hendrix, guitarras eléctricas, etc... todo esto ocurrió en la ciudad de Mendoza, donde vivían mis abuelos y es conocida por la producción de vinos; de hecho, una tía hermana de mi padre, tenía bodegas.

Volviendo a este vecino, puedo decir que despertó en mi el interés por la música, especialmente por el blues y el rock. Él tocaba en una banda y me dejaba verlos ensayar. Creo que en ese momento, a los 11 años, tuve claro lo que quería hacer en la vida. Me quedé hechizado por esos sonidos.

Hacia el año 67, dejamos Mendoza, ya que mi padre decidió mudarse con toda la familia a una ciudad costera de la provincia de Buenoss Aires llamada Mar del Plata. Para alguien de tan solo 12 años, era una experiencia nueva que cambiaría su vida para siempre. El viaje fue por carretera, duró casi 9 horas haciendo un solo break para pasar la noche a mitad del camino. Creo que fue el primer viaje largo que marcó realmente mi vida, después vendrían muchos más, pero éste estuvo rodeado de señales, en una ruta interminable hacia el rock&roll, yo al menos lo sentía así. La primera parada sería en Buenos Aires y no podía quitarme de la cabeza lo que mi vecino me había enseñado. Ya en esos tiempos había una escena musical con mucha tradición de blues y bastantes bandas de pop y hazz así que yo ya iba con la esperanza de encontrarme a algún guitarrista o músico del que pudiera aprender. Al final llegamos a Buenos Aires, una ciudad gigantesca. Cruzarla en coche parecía algo interminable.

Después de este largo viaje, al final llegamos a la Avenida de Mayo, a un hostal en pleno centro cerca del Obelisco. Éramos cuatro hermanos, yo soy el mayor. Nada más llegar, creo que no había pasado ni media hora, era por la tarde del verano Austral y estaba con mi hermana María asomados por la ventana y ocurrió otro acontecimiento que fue como una gran señal en mi vida; en el medio de la agitación de la gran urbe, ruidos de sirenas, gente paseando, autobuses, claxon de coches etc... surgió el sonido de una guitarra eléctrica confundida con los ruidos de la ciudad, que cada vez sonaba más intensa... empecé a buscar de dónde venía y vi en el balcón de enfrente de la Avenida a unos Hippies de la época asomados y me di cuenta de que ese sonido de guitarra venía de esa casa.

Convencí a mi hermana para cruzar la calle y entrar en el edificio para localizar de dónde venían esos sonidos que estaba escuchando. Al acceder a través de una puerta de madera muy antigua que era como de otra época todo retumbaba, el sitio era como una especie de corrala con un patio interior y subimos hasta el tercer piso por las escaleras. Esa guitarra cada vez sonaba más fuerte, muy parecida al sonido de Eric Clapton en Cream. Yo estaba completamente alucinado con lo que estaba escuchando. Es lo que había imaginado encontrarme durante todo el viaje y entonces fui directo a la puerta.

Llamé repetidas veces sin pensarlo demasiado pero creo que con el volumen de la guitarra no escuchaban mis golpes, hasta que de pronto, una mujer de unos 40 años, con el pelo teñido de rojo y vestimenta de muchos colores, abrió la puerta. Creo que se quedó un poco sorprendida al ver a dos chicos tan pequeños interesados en la guitarra que sonaba. le dije que me gustaba mucho lo que estaba escuchando y la pregunte si nos dejaba entrar para verle tocar entonces ella se dirigió al guitarrista y le dijo: "Pichacho, hay acá unos pibes que quieren escucharte", a lo que él contestó: "Claro, que pasen".

Me asomé y vi su silueta en la ventana del balcón que daba a la Avenida de Mayo. Estaba sin camiseta, sudando, con el pelo muy largo y no paraba de tocar con unos dedos muy veloces. Quedé absolutamente en trance. Pichacho me vio tan alucinado, que no paró de tocar cada vez más rápido y fuerte. Yo era su mejor público y sabía el efecto que estaba causando en mi. Cuando finalmente paró, nos invitaron a un refresco y nos presentamos. Entre los amigos que estaban fumando en el balcón, uno era Tanguito, la Leyenda del Rock Argentino, compositor de La Balsa. En esa casa, aparte de Pichacho, había un prócer del rock argentino, al que siendo un niño, estreché la mano. Era un personaje especial, no había conocido a alguien igual. Tenía un cerdito pequeño entre sus brazos y le pregunté si era suyo y me respondió: "si pibe, lo llevo para cuando me regrese a mi casa en el gran Bs.As. poder dárselo a modo de pago al taxista".

Llevábamos bastante rato en casa de Pichacho y ya era hora de regresar al hostal, nuestros padres estarían preocupados. Esa noche casi no pude dormir después de lo que había vivido, pero abreviaré para adelantarme en el tiempo y así acabar esta historia para llegar a la conclusión final, que vale la pena conocer.

En el 71, después de vivir cuatro años en Mar del Plata, mi padre consiguió trabajo en Caracas. Trabajaba en la construcción, al igual que gran parte de mi familia paterna que emigraron a la Argentina en los 50 y 60. El viaje de regreso fue igual que el de ida pero a la inversa. Paramos en el mismo hostal, en la Avenida de mayo, con la única diferencia de que yo ya tenía 15 años y me había convertido en un experimentado guitarrista que practicaba hasta 10 horas diarias y tenía una guitarra de caja que me había comprado mi padre y que no me desprendía de ella por nada del mundo. Al llegar al mismo hostal, mi hermana y yo nos asomamos al balcón y vimos la casa donde vivía Pichacho. Esta vez habían pasado cuatro años y no se escuchaba su guitarra eléctrica sonar no había actividad alguna, así que decidimos volver a tocar su puerta. Nos volvió a abrir la mujer del pelo rojo; era su madre y volvió a llamarlo: "Pichacho, están aquí los pibes que te estuvieron escuchando tocar hace algunos años. ¿Te acordás? Vienen a visitarte."

Le noté de bajón y me dijo que necesitaban dinero y que había tenido que vender su guitarra eléctrica y que tan solo tenía una guitarra española para practicar. Yo me había llevado conmigo la que me regaló mi padre y su madre, al verla, con los ojos llenos de brillo me pidió que se la regalara a su hijo y me dijo que me lo agradecería, puesto el ya no tenía la suya.

En ese momento me abracé a ella pensando que no la soltaría por nada del mundo. Después de estar un rato con ellos nos volvimos a despedir ya que al día siguiente teníamos un largo viaje a Mendoza, después a Santiago de Chile y al final, Caracas... pero antes de acabar este relato, quiero volver a saltar en el tiempo para terminarlo.

Era el año 97, en Madrid, ya iba por mi quinto álbum con unas ventas y un calendario de conciertos bastante importante. Tenía contrato con la Warner y había echo realidad mi sueño que era tener mi propio grupo, la Vargas Blues Band. Esa tarde de verano, me fui a una tienda de música a comprar cuerdas para mi guitarra. Cuando entré, había alguien probando un amplificador y cuando estaba pagando alguien me tocó la espalda y me preguntó: "perdona, ¿eres Javier Vargas? Soy argentino y también toco la guitarra, soy un gran admirador de tu trabajo, ¿me puedes firmar algo para mis amigos?" No se lo van a poder creer: se llamaba Pichacho." Cuando le dije quién era yo, quien no pudo creérselo fue él. El pasado y el futuro se entrelazaron de una manera misteriosa. Pero regresemos al año 2020 porque aun hay más historias de la carretera que contar.

RockFM