Jethro Tull demuestra una fuerza arrolladora en Madrid

A pesar de los problemas vocales de Ian Anderson, la banda Jethro Tull dejó en Madrid uno de los mejores conciertos en lo que llevamos de año.
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Jethro Tull - The Prog Years Tour, King George's Hall, Blackburn. Ian Anderson, David Goodier, Scott Hammond, Joe Parrish-James, John O'Hara

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No hemos alcanzado el final del primer trimestre de 2022 y ya tengo un concierto al que agarrarme, escandaloso el virtuosismo de una banda que dejó momentos brillantes en un Circo Price que no resistió y empujó con palmas y ovaciones a Jethro Tull, que llegaba a Madrid para conquistar corazones.

Es cierto que la voz de Ian Anderson no es, de lejos, lo que fue, pero tampoco hay que olvidar que sufre EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) diagnosticado hace cuatro años, lo revelaba para un canal de televisón estadounidense, en el que confirmaba que "tengo lo que se conoce como exacerbaciones: periodos en los que tengo una infección, se convierte en bronquitis severa, y tal vez tenga 2 ó 3 semanas donde me sea casi imposible salir al escenario y tocar, mis días están contados” concluía ante la sorpresa de todos.

Por lo mostrado ayer en Madrid, no parece que vaya a prescindir fácilmente de los escenarios, y, aunque creo que debería dar el relevo vocal a su guitarrista, Joe Parrish, que ayer demostró tener cualidades sobradas para el canto, el público se debate entre si debería o no ser él quien lleve la voz cantante. Pero lo que está claro es que cuando agarra la flauta travesera no hay quien le supere, la vitalidad que muestra sobre las tablas es aplastante, no necesita más que eso para infundir un poder sobrehumano a todo lo que sucede en el escenario.

Claro, que la banda es de otro planeta, a parte del mencionado guitarrista Parrish, el miembro más joven y con un gusto exquisito a la hora de los solos y los acompañamientos, se encuentran flanqueando al flautista, Scott Hammond, que ha colaborado a la batería con ilustres legendas como Bruce Dickinson, John O’Hara, que su influencia clásica y sus trabajos como director de orquesta, hacen que el teclado cobre una dimensión profunda y casi literaria, y David Goodier, un carismático bajista que se atreve con todo.

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Jethro Tull - The Prog Years Tour, St Georges Hall, Blackburn

El show no se hizo esperar más de cinco minutos y comenzaba con “Nothing is Easy”, algo que cautivó al público, especialmente porque su icónica postura llegó a los pocos segundos de salir al escenario, la pierna izquierda sobrevolando la rodilla derecha nos hizo recordar que estábamos ante una auténtica leyenda. Por cierto, enhorabuena al equipo encargado de sonorizar, que encontró el nivel perfecto a los 30 segundos de concierto y se mantuvo sobresaliente las dos horas que duró el show.

Entusiasta y enérgica llegaba otro clásico de Jethro Tull, “Love Story” en el que se empezaron a ver las carencias en la voz de Ian; pero la primera ovación de la noche surgió cuando Anderson se colgó la guitarra acústica (que sonaba espectacular) y comenzó con un extracto de “Thik As A Brick”, una de sus obras culmen, cuyo disco cumple este año su 50 aniversario, ¿qué mejor momento para disfrutarlo que este? La canción fue creciendo con él cambiando entre la flauta y la guitarra, mientras se paseaba a pequeños saltos o caminaba teatralmente por el borde del escenario. Las gradas se crecieron y apoyaron con palmas un tema que puso de relieve la calidad de lo que estaba sucediendo en el Price.

Recordando lo rápido que pasa el tiempo, Ian anunció que llegaba su “Living in the Past”, un rock progresivo que me hizo imaginar aquellos tiempos en los que cuando tocaba la flauta lo tenía que hacer delante de un micro de pie, no porque no exisitieran esos micros que se enganchan al instrumento, sino porque desarrollaba, en cierta medida, la teatralidad del espectáculo.

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Jethro Tull - The Prog Years Tour, St Georges Hall, Blackburn

Cuando llegó “Hunt By Numbers” ya nos había conquistado del todo y quiso mostrar que su música ha sido fuente de influencia de las grandes bandas de Metal; antes de presentarla habló de su amor al mundo felino y nos relató su experiencia con uno de sus gatos, que fue carnívoro en una época, pero que se convirtió a la causa de la comida industrial.

La influencia del mundo clásico no es, para nada, ajena a Jethro Tull, así mostraron su agradecimiento a Bach con ese “Bourrée” que llenó de color la noche, destacando el trabajo del bajo y la locura final del tema en la que sacó todas las armas que tenía bufando a la travesera y cantando mientras soplaba el instrumento, una locura... pero de las buenas.

El terror se hizo cargo del pasaje instrumental que daba paso a “Black Sunday” que nos dejó casi una ópera rock; mientras que “My God” comenzaba a piano y guitarra acústica para que la banda se incorporara a mitad de una pieza que nos llevó al descanso, que se alargó demasiado y a punto estuvo de sacarnos del show.

La segunda parte comenzaba con “Clasp”, llevada a un estilo mucho más en la onda de los primeros años de Jethro, no con ese sonido tan ochentero que encontramos en su disco ‘Broadsword and the Beast’, aquí fue donde Parrish tomó las riendas y comenzó a compaginar su voz con la de Ian. No olvidó tratar el tema de la guerra con la siguiente canción, en la que dijo que hubo un hombre que era el más malvado del planeta hasta que le quitaba el puesto Putin, “Wicked Windows” nos llevaba a ese mundo de sueños y maldad que tanto habita en la historia musical de Jethro Tull.

Hubo tiempo para repasar algo de su último trabajo que vio la luz a principios de año, “The Zealot Gene”, tema que da título al disco y que aseguró no estar basada en Trump, por mucho que los medios quisieran asegurar. Antes de comenzar el tema se mostró orgulloso por ocupar los primeros puestos de venta en Gran Bretaña, EE.UU. o Alemania y se lamentó de que en España no pasara lo mismo pero, como aseguró: “no es vuestra culpa”; durante el tema se volvió a explayar a la voz Parrish.

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Jethro Tull - The Prog Years Tour, St Georges Hall, Blackburn

Volvió la calma con “Pavane”, una nueva cover de Gabriel Fauré en la que destacó la mezcla de la composición francesa, británica y con toques de flamenco. En “Songs Form The Wood” volvía a sus orígenes, por temas como este dan ganas de llegar a casa y desempolvar los vinilos de la banda, aquí fue donde Goodier mostró que el canto también va con él.

Pero se acercaba un emotivo momento en el que mostraron, no solo la pureza de “Aqualung”, sino el exquisito virtuosismo de toda la banda, y que, aunque se trata de canciones en los que la flauta está un punto por encima del resto, sin ellos quedaría todo descafeinado; lo que demuestra esa eterna lucha por aportar a la canción, no al ego personal. Un momento emocionalmente perfecto.

Se fueron del escenario para que el público pidiera más a base de pisotear el Price y, así, retomar los bises con, lo que para mí fue uno de los momentos de la noche: “Locomotive Breath”, ese tren que nos arrolló a todos sin reparo. Cerró el show un llamamiento a la unión de las naciones con “The Dambusters March”. No hubo tiempo para más, pero creo que la ovación final puso en valor todo lo que nos había regalado Jethro Tull en una noche inolvidable.

Mañana viernes el Parque del Batel de Cartagena tendrá el honor de acoger el penúltimo concierto de la banda en nuestra tierra, ya que el concierto que tenía previsto en Sevilla a finales de 2021 se ha aplazado para el 9 de junio por un problema con los visados de trabajo de la banda, una de las primeras consecuencias de la fuga británica de la Unión Europea.






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