Lemmy Killmister o la inmortalidad de las leyendas

El cantante y bajista de Motorhëad hubiera cumplido 74 años a fecha del 24 de diciembre
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Hay, exactamente, cuatro días de diferencia entre la efeméride del cumpleaños de Lemmy con la de su fallecimiento. Este periodo es, seguramente, uno de los que más triste me ponen de todo el año desde la funesta noticia de su partida en 2015. Tengo que reconocer, que, al igual que a mucha gente le pudo pasar con Michael Jackson o con otros artistas, tengo el claro recuerdo del día en el que me enteré de que el líder de Motörhead ya no estaba con nosotros. 

Aquella mañana de diciembre, nada más despertarme, me enteré de la noticia y, aún a día de hoy, todavía se me hace un nudo en la garganta al recordar aquella sensación. No es fácil decir adiós a uno de tus músicos favoritos así, tan de repente, igual que, supongo, no lo fue para ninguno de sus compañeros. Y es que con Lemmy me ocurría, un poco, como aún a día de hoy pasa con The Rolling Stones: pensaba que era eterno. Un tipo tan duro, tan legendario, con tantas canciones tan buenas, con aquella actitud sobre el escenario... De alguna manera, en el fondo de mi ser, pensaba que el bueno de Killmister encontraría alguna manera de escapar de la muerte montado en una Harley. 

Su funeral, que fue emitido en vídeo, fue realmente emocionante. Ahí también se notó la marca que dejó el legendario rockero en sus seres queridos y compañeros. Dave Grohl, los miembros de Metallica, Slash o Rob Halford fueron solo algunos de los que le dedicaron unas palabras de despedida al músico. Todos le querían, todos le admiraban. Es cierto que no puedo hablar sobre cómo sería aquella leyenda a nivel personal, pero creo que las palabras dichas en el funeral lo dicen todo por mí. 
 

Hoy, recordándole, me han venido a la cabeza muchas imágenes. La primera vez que vi un concierto suyo, precediendo a Metallica en Madrid, por la tele o el día en el que, en el Palacio de Vistalegre, por fin le pude ver con Motörhead en vivo y en directo son solo algunas de ellas. ¿Cómo olvidar, por otro lado, aquel maravilloso videoclip del “White Limo” de los Foo Fighters, en el que aparecía él haciendo de conductor? La gracia, más allá de lo brutal del videoclip, está en que Lemmy no tenía ni idea de cómo conducir un coche y todos sus planos se grabaron con los miembros de la banda empujando la limusina desde fuera del plano. Son esa clase de anéctodas las que, más allá de la mala vida, nos recuerdan la parte más entrañable de Lemmy. 
 

Más allá de eso, te recomiendo que le eches un ojo a su documental de 2010, 'Lemmy', en el que, a través de su propio testimonio y el de sus allegados, podrás entender un poco mejor cómo era, en realidad, el músico. 
 

Como reflexión final, aprovechando, además, que acapara titulares, me quiero quedar con aquello que pasaba en 'Star Wars' cuando un jedi pasaba a mejor vida, aunque su cuerpo falleciera, el personaje se hacía uno con la Fuerza y seguía existiendo de alguna manera. Con Lemmy pasa lo mismo. Hace cuatro años que nos dejó, pero sus canciones, su leyenda y su figura son eternos. Quizás se marchó, “Killed By Death” como diría él, pero, al final, Lemmy consiguió, con su legado, esquivar a la muerte de algún modo. ¿Cómo iba a desaparecer el tipo más duro de la historia del rock? 
 

RockFM