Los “poderes telepáticos” de David Bowie: “Se nos pusieron los pelos de punta”

El productor Tony Visconti recuerda el momento paranormal que vivió con David Bowie en el estudio
Los “poderes telepáticos” de David Bowie: “Se nos pusieron los pelos de punta”

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Tal y como informa Ultimate Classic Rock, el legendario productor Tony Visconti ha recordado cómo “se le pusieron los pelos de punta” durante el proceso de grabación de 'Low', de David Bowie, en 1977, destacando un momento en el que todos los allí presentes pensaron que el Duque Blanco tenía poderes telepáticos.

La pieza instrumental fue grabada por Bowie totalmente solo y se inspiró en sus visitas al Berlín Oriental durante la época en la que la ciudad estaba dividida por un enorme muro, con muchos de los ciudadanos de la parte soviética queriendo escapar al oeste.

“Fue un poco angustioso ir del oeste al este y viceversa”, recuerda ahora Visconti. “Y lo más desesperante era que, cuando volvíamos al oeste, en la carretera, había berlineses del este que nos suplicaban que les metiéramos en el maletero o que les dejáramos engancharse a la parte de atrás del coche”.

Sin embargo, de esta época también salió un momento mágico. Cuando el disco fue terminado, Bowie invitó al productor, a su amigo Iggy Pop, que iba a acompañado de su esposa, y, también al ingeniero Edu Meyer, a sentarse con él en el estudio de grabación. “David dijo: 'Quiero que todos vosotros saquéis un trozo de papel y un lápiz, vamos a escuchar 'Weeping Wall'. Quiero que pintéis un dibujo de lo que pensáis que trata la canción'. Así que la pusimos y todos nosotros dibujamos en nuestro folio”.

Visconti asegura que, al menos él, no miró a los dibujos de los demás y que nadie miró el suyo. “Cuando acabamos nos dijo: 'Vale, dejadme los papeles'... todos habíamos dibujado casi lo mismo, fue algo muy raro. Todos teníamos como una pared con los bordes dentados, como si fueran los de una sierra. No tenía las puntas planas, eran como dentadas. Algunos pusimos una luna sobre aquellos dientes y, otros, un sol, como un círculo, pero hicimos casi el mismo dibujo. Entonces David le dio la vuelta al suyo: era un dibujo de un lagarto, como un caimán, con la boca abierta, comiéndose el sol, como si fuera un orbe. A todos se nos puso la piel de gallina desde ese momento”.

“Hasta David se sorprendió”, explica el productor, “pero él esperaba que pasara aquello. Y creo que en su sonrisa encontró que, quizás, tenía poderes especiales telepáticos que instigaron esta, digamos, coincidencia”.



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