La trágica -y alcohólica- historia navideña de Kid Rock y Metallica: "Lars estará bien y yo moriré"

Alcohol, amistad, locuras y rock & roll ¿Qué más podemos pedir?
CORDON PRESS

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Una vez más os traemos una divertida anécdota entre grandes estrellas del rock. En esta ocasión los protagonistas son Kid Rock y los miembros de Metallica. En particular Lars Ulrich y James Hetfield. Y es que estos tres legendarios artistas vivieron un momento para recordar en un fin de año que pasaron juntos. Alcohol, amistad, locuras y rock & roll… ¿Qué más podemos pedir?

Pues bien, Kid Rock ha revelado que durante un fin de año salió a montar en moto de nieve con Lars Ulrich. Sin embargo, antes de hacerlo recibió una importante advertencia por parte de James Hetfield, haciendo referencia a la mala suerte o mal karma que acompaña siempre al batería de Metallica.

Pero para el bueno de Kid Rock no debe ser así. De hecho, opina todo lo contrario y explicó lo motivos por los que creía que era Hetfield el que acumulaba esas malas vibraciones. "Nos conocimos hace años en Europa, en un festival. Lars vino en el autobús para conocerme y pasar el rato. Son muy buenos tíos", comenzaba contando Kid Rock sobre sus encuentros con Metallica.

"Nos recuerdo a Lars y a mí en motos de nieve una Nochevieja hace unos años, sin camisas, con cara de mierda, conduciendo por un prado. Yo contándole a Hetfield esta historia, y él sentándome y diciéndome que tuviera cuidado, porque haríamos esto y nos estrellaríamos contra una valla y Lars estaría bien y yo moriría, porque ese es el karma que Lars tiene a su alrededor".

"Cada vez que salimos Hetfield y yo... fuimos a hacer wakeboard y se jodió la espalda. Vino a mi casa a montar en moto, yo ni siquiera estaba allí, y se golpeó contra una valla y se desmayó. Así que para él creo que yo soy el mal karma", terminaba contando Kid Rock.

LARS Y LOS FANTASMAS

Ya hace cuatro décadas de la salida del primer disco de Metallica, 'Kill 'Em All'. Para celebrarlo, el guitarrista de la banda, Kirk Hammett, se ha acercado al podcast Metal Mayhem ROC (vía Loudwire) para recordar, junto al ingeniero Andrew Wroblewski, cómo fue la grabación del álbum y cómo vivieron experiencias “paranormales” desde la misma... en especial el batería de la banda, Lars Ulrich. El redondo, por cierto, se grabó en los Music America Studios de Rochester, Nueva York.

Durante la charla, Wroblewski le enseña varias fotos a Hammett “que no había visto antes”. El ingeniero le aclara que se trata del “salón que había encima del estudio”, antes de explicar que Metallica intentó grabar su primer disco al mismo y “crudo” estilo de Led Zeppelin con su debut de 1969, para el que alquilaron una casa solariega.

Wroblewski, entonces, coge una de las fotografías y explica que Ulrich no lo pasó precisamente bien grabando el disco: “Esa foto de Lars Ulrich, ¿es donde, si recuerdas, veía los fantasmas?". Hammett responde: "Sí. Recuerdo que el piso de arriba - o todo el edificio estaba supuestamente embrujado".

El ingeniero, que parece tener mejor memoria que el guitarra, rememoró, a continuación, la historia: “Sí, todo el edificio. Lars estaba en el baño, ya sabes, y en ese momento, me crucé con Andy. Lars seguía diciendo: 'Hey, chicos. ¿Por qué Andy está caminando por aquí todo el rato?'. Y Chris Bubacz, el otro ingeniero, le dijo: 'No, está sentado aquí a mi lado'. Entonces, después de eso, tuve que ir a sentarme con Lars porque habíamos puesto su batería en el baño. Nosotros... poníamos todo en el baño y... me sentaba con él y todo eso. Era un lugar espeluznante".

A todo esto, como recuerda Hammett, la batería estaba en el cuarto de baño por un motivo: “Recuerdo que pusisteis los toms en el baño para intentar conseguir un sonido más contundente para los fills de batería... pero simplemente no ocurrió [Risas]. Recuerdo que simplemente no sonaba bien”.

A todo esto, Lars ya había hablado con Metal Hammer, hace tiempo, sobre aquella experiencia en los Muisc America Studios: “El estudio estaba en el sótano de un enorme club de tipo colonial. En el segundo piso había un enorme salón de baile, perfecto para conseguir un buen sonido de batería. El problema era que el lugar estaba embrujado: tenía que tener a otra persona allí arriba todo el tiempo que estaba grabando. Mis platillos empezaban a girar sin razón, cosas así. Daba miedo”.





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