La alocada historia de Van Halen y los monjes budistas

Todo sucedió en Minessota una noche de 1995 
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No cabe duda de que Van Halen fue una de las bandas más salvajes de la historia del rock tanto en el escenario como en backstage. Su excentricidad y exuberancia, sin embargo, siempre se vieron compensadas por su gran talento musical, siendo ambos apreciados por todos sus fanáticos a lo largo del globo. Sin embargo, ¿cómo es escuchar a la banda por primera vez cuando no has escuchado rock en tu vida? 

En 1995, la tensión en el seno de Van Halen era de lo más palpable. Sammy Hagar no pasaba su mejor momento ni con Alex ni con Eddie Van Halen, y, además, este último, acababa de dejar el alcohol y las drogas, provocando esto que rozara aún más con sus compañeros que no habían renunciado a los vicios. Sin embargo, la banda consiguió grabar un disco llamado 'Balance', que sería su cuarto y último disco con Hagar a la voz. 

El primer tema del redondo se llamó “The Seventh Seal” y abría con 20 segundos de cánticos antes de que comenzase el sonido rockero de Van Halen. Estos sonidos, que tendían a lo “místico”, fueron el resultado de los ejercicios de relajación del guitarrista, que utilizó como técnica para dejar de beber, y que sirvieron como inspiración para el tema. 

Estos cánticos fueron grabados por los monjes de la Universidad de Gyuto. Estos hombres, procedentes del Tíbet, habían trabajado, en anteriores ocasiones, con Mickey Hart, batería de The Graetful Dead, que les había producido dos discos a finales de la década de los '80. De esta manera, Eddie Van Halen escuchó hablar sobre ellos y les contactó para el disco. 

La canción comenzó a ser parte de los directos de la banda y, habitualmente, la parte de los cánticos se reproducía a través de una grabación. Sin embargo, el 30 de julio de 1995, la banda decidió que comenzaría su concierto con los monjes en directo, ya que los tours de ambos coincidieron en Minneapolis en el mismo día. Fue el cantante de la banda, Sammy Hagar, el que se enteró de que el grupo de monjes estaba en el lugar y decidió invitarles, sin tener ni idea de lo que estaba a punto de ocurrir. 

De esta manera, el público fue llenando el recinto solo para encontrarse a un grupo de hombre con túnicas naranjas cantando en el escenario. Esto duró, por lo menos, 10 minutos, según los presentes. La dinámica siguió igual hasta que, por fin, Van Halen entró al escenario para tocar “The Seventh Seal”. 

Sin embargo, los budistas no estaban enterados de cómo sonaba la banda ni se esperaban su energética salida al escenario. De repente, mientras la banda de rock comenzaba su actuación, los monjes budistas se quedaron desorientados y sin saber qué hacer. No fue hasta que un miembro del equipo de la banda les consiguió guiar hasta fuera del escenario, cuando las cosas comenzaron a volver a la normalidad. Sin embargo, uno de ellos saltó hacia el foso y otro se sentó en la plataforma elevadora de la batería de Alex Van Halen, sin saber muy bien dónde tenían que ir. 

No pasaría mucho tiempo hasta que Hagar saliera de Van Halen, poco después de completar aquel tour. Parece que, lejos de traerle paz, los monjes budistas se convirtieron en un quebradero de cabeza. 

RockFM