El cerebro de Alice Cooper, por Salvador Dalí

Dos genios que se conocieron en el momento más álgido de sus carreras, y una colaboración de los más bizarra (y puntera)
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Locutor RockFM

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Posiblemente nos encontremos ante la historia más bizarra que se haya conocido en el rock: el día que Salvador Dalí le presentó al mundo un retrato tridimensional de Alice Cooper. Sí, aquella genialidad ocurrió, y fue una de las primeras veces que en la historia del arte se empleaba tecnología holográfica.

La historia tuvo lugar en 1973. Salvador Dalí acudió a un concierto de Alice Cooper y quedó fascinado con el espectáculo macabro y chocante de Cooper. A partí de ahí, Dalí se empeñó en conocerle, surgiendo una amistad y una admiración mutua que duraría muchos años. Alice Cooper recuerda así el encuentro: “Me encontré con Dalí en el King Cole Bar (Nueva York). Apareció vestido con un chaleco con un estampado de jirafa, unos mocasines dorados, chaqueta de terciopelo Azu y unos calcetines con reflejos dorados que le había regalado Elvis. Anunció su presencia clamando, ‘Da-Lí is he-re. Entonces pidió una ronda de cocktails para todos y un vaso de agua caliente para él. Sacó de su bolsillo una pequeña jarra con miel y empezó a derramarla, dramáticamente, sobre el vaso. Sacó unas tijeras, cortó el hilo de miel y todo el mundo aplaudió”. 

Aquello debió ser de lo más peculiar, y más aún si tenemos en cuenta que Alice Cooper era admirador del trabajo de Dalí desde su adolescencia. En alguna ocasión ha recordado que podía pasarse horas hablando de los cuadros de Dalí con su amigo, y compañero de banda, Dennis Dunaway. Ahora, el momento más extraño debió ser cuando Salvador comenzó a explicarle a Cooper la idea que tenía en mente: el primer retrato cromo-holograma cilíndrico del cerebro de Alice Cooper. En tal situación, Cooper recuerda que Dalí empezó a hablarle en un idioma que no era capaz de entender: una palabra en inglés, alguna en francés, español, italiano… Vamos, que Alice asentía fascinado con la cabeza pero no entendía una palabra de lo que estaba pasando ahí. Y eso le encantaba a Dalí, quien siempre tenía un mantra en la cabeza: “lo que es importante es esparcir la confusión, no eliminarla”. De todos modos, Alice Cooper era consciente de la gran oportunidad que tenía ante él. Dalí era uno de sus ídolos y aquella experiencia estaba siendo fascinante: "Con Dalí todo era una performance. Iba cada noche al Studio 54 o a ver a Andy Warhol a The Factory. Siempre iba rodeado de personajes de los más bizarros. Yo, simplmente, me sentaba y disfrutaba de aquello, intentando aprender todo lo que pudiera (...) Fue el personaje más bizarro que he conocido en mi vida. Y, aún así, después de un tiempo sentías mucha cercanía con él. Fue uno de los mejores momentos de mi vida".

Total, que la idea seguía adelante. Dalí invitó a Alice Cooper a pasar unos días en Figueres y trabajar en el proyecto. El resultado fue un holograma tridimensional que que proyecta la figura de Alice Cooper, quien aparece enjoyado con una tiara y un collar valorados en unos 4 millones de dólares de la época. En la parte posterior de la cabeza se aprecia el cerebro de Alice Cooper, decorado con un relámpago de chocolate y hormigas. Imagino que la idea era reflejar como es el cerebro, o la mente, la que proyecta toda la experiencia y da forma al mundo y al individuo (tal vez).

El resultado de aquella experiencia fue este:

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