Cómo un cigarrillo consiguió salvar a Lemmy de que le cortaran los dedos de los pies

El legendario Lemmy no bajó el ritmo ni en los peores momentos
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Si un músico ha representado el espíritu rebelde y rockero a lo largo de la historia, ese tuvo que ser Lemmy Kilmister, el que fuera, hasta el día se su muerte, cantante, bajista y líder de Motörhead. No cabe duda de que el bueno de Lemmy se convirtió a lo largo de su carrera, en una leyenda adorada por todos los fans del rock y, tras su marcha, en un símbolo más allá del tiempo. Sin embargo, el músico también era humano y, como tal, también sufría dolencias, algunas más graves que otras. 

Lo cierto es que, años antes de su muerte, a Lemmy le habían diagnosticado una diabetes con la que tuvo que convivir durante años. Aunque seguía siendo un tipo duro, el cantante ya no tenía la misma fuerza que antes. Algunos de sus compañeros recuerdan que todo el mundo del rock se escandalizó al enterarse de que había dejado el whisky con cola y se había pasado al vodka, licor que le afectaba menos, después de 50 años de “tradición”. 

Y es que, pese a ser un tipo duro y fuerte, que a lo largo de casi toda su vida estuvo sano, los excesos acabaron pasándole factura a Lemmy en los años finales de su vida. El aguante dio lo que dio y, cuando su cuerpo dijo basta, todos los que le rodeaban se dieron cuenta de que ya no era el mismo. Por primera vez en medio siglo, la leyenda se había visto obligada a levantar el pie del acelerador. 

En cierto momento, los dedos de los pies del músico comenzaron a ponerse negro a causa de la mala circulación de su sangre, un efecto secundario de la diabetes. Como no podía ser de otra manera, Lemmy acudió a un doctor en Los Ángeles que le dijo que no había otra opción que no fuera amputar. Si no había otra opción, el músico tendría que entrar a quirófano. Sin embargo, sucedió algo de lo más curioso.  

Cuando le comenzaron a preparar para la cirugía en la que le iban a extirpar los dedos, Lemmy se encendió un cigarro ante la atónita mirada del médico. “No puedes fumar aquí”, le dijo. El cantante no se mordió la lengua: “Entonces no estaré aquí”, contestó antes de levantarse y marcharse por la puerta. Al final, acabó marchándose a otro médico, que simplemente le recomendó que cambiara su dieta si quería mantener los dedos unidos a sus pies. Esta vez, Lemmy le hizo caso y, así, consiguió librarse de una buena. ¡Y es que nunca habrá otro como él! 

RockFM