¿Cómo se unió Kirk Hammett a Metallica? Thrash metal, borracheras y un abandono

Tras la salida de Dave Mustaine, Metallica necesitaba un virtuoso a la altura de las circunstancias y ese fue Kirk Hammett
La segunda formación de Metallica: Lars Ulrich, James Hetfield, Kirk Hammett y Cliff Burton

 

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Nos encontramos en 1983. Unos jóvenes de San Francisco comienzan a despegar con su grupo de thrash metal. Su nombre era Metallica, toda una declaración de intenciones y casi un presagio de lo que iban a conseguir con el paso de los años. Sin embargo, la banda no pasaba su mejor momento, porque acababan de perder a su guitarrista, Dave Mustine y necesitaban encontrar un reemplazo. Allí es donde entra Kirk Hammett

Fue justo un 1 de abril, cuando Hammett se unió al conjunto. La llamada le llegó casi como por sopresa, aunque, de hecho, aquella no era la primera vez que el guitarrista hablaba con James Hetfield y Lars Ulrich. Lo cierto es que Kirk militaba en una banda llamada Exodus durante aquella epóca. Su estilo, similar al de los primeros Metallica, le había llevado a compartir escenario con ellos en múltiples ocasiones, teniendo en cuenta además que ambas formaciones se movían por el área de la Bahía de San Francisco.

"Estaba familiarizado con la música antes de unirme a la banda. Exodus tocó con Metallica en unas cuantas ocasiones, así que me sabía las canciones", recuerda Hammett. "Tenía la demo de 'No Life 'Til Leather' y la escuchaba bastante. Aquello era lo que todo el mundo escuchaba en la escena underground del metal de San Francisco en 1982". 

Lo cierto es que su relación en aquellos días ya trascendía lo musical. Los tres habían salido de fiesta juntos en más de una ocasión. Todo era una locura con aquellos chicos, a Hetfield le gustaba "jugar a las peleas" cuando estaba borracho y, de hecho, Hammett conoció a Lars Ulrich tras un concierto, cuando el batería tenía el ritual de desnudarse en los camerinos. Su primera impresión, por lo tanto, era la de que había conocido a unos talentosos locos que le caían genial y le asustaban a partes iguales. 

"Acababan de acabar su concierto y me puse a hablar con Ulrich cuando comenzó a quitarse la ropa. Antes de que me diera cuenta, estaba completamente desnudo delante de mí. Me quedé en shock", recuerda Hammett. "Me dije a mí mismo, 'es europeo. Los europeos hacen cosas así todo el rato'. Pero mis ojos nunca dejaron de mirar sus ojos". A saber qué clase de europeos había conocido el guitarrista antes. 

Cuando Hammett fue oficialmente invitado para reemplazar a Mustaine, despedido de la banda por sus problemas con el alcohol -lo cual eran palabras mayores para los Metallica de aquella época- la banda estaba en Nueva York. Lo cuál significó que Hammett tuvo que comprarse un billete de avión para salir de California por primera vez en su vida. Por otro lado, también le tocó dejar Exodus. 

"Era un barco hacia el que me estaba dirigiendo. Se podría decir que cambié de barco, que les dejé tirados y lo admito", recuerda el músico.  "Recuerdo que me hicieron una fiesta de despedida y, al final, el cantante Paul Bloff me dijo que me acercara y me tiró una cerveza. Después, el guitarrsita Gary Holt lo vio e hizo lo mismo. Yo simplemte lo aguanté. Fue como, 'vale, okey, como veáis'". 

Los años han reflejado que Hammett tomó la decisión correcta, entrando a uno de los grupos más influyentes de toda la historia del rock. Sin embargo, cabe destacar que, a día de hoy, Exodus es una banda que sigue en pie y girando por el mundo. En 2014, Hammett volvió con el conjunto para grabar un solo de guitarra en 'Blood In', su décimo LP y, así, terminó de pagar la "deuda" que tenía con su anterior banda. 

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