El día en el que el alcohol "salvó" la vida de Zakk Wylde

Lo cierto es que también estuvo a punto de matarle unas cuantas veces 
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El guitarrista de Ozzy Osbourne y Black Label Society, como muchas otras estrellas del rock, ha tenido hábitos de vida de lo más perjudiciales para la salud durante muchos años. El alcohol, sobre todo, se convirtió en su principal vicio hasta que se vio obligado a dejarlo. Sin embargo, curiosamente, la bebida también le salvó, sin que él se diera cuenta, la vida cuando sufrió un problema de salud que por poco lo mata.

Todo esto ocurrió en el año 2009, en mitad de un tour en el que el guitarrista se encontraba inmerso. Sus rodilla izquierda comenzó a darle problemas, doliéndole cada vez más. Como cualquier rockero que se dedica a saltar durante horas cada noche en el escenario, el guitarrista pensó que estas molestias se debían a su actividad física y decidió esperar unos días para ver si las molestias se le pasaban. El músico, sin embargo, no se recuperaba.

Según proseguían las fechas, Wylde continuaba tocando ciudad tras ciudad. La adrenalina que sentía al salir al escenario le liberaba de su dolor el tiempo suficiente como para dar el show programado sin problemas pero una vez bajaba, tenía que poner su extremidad en alto y cubrirla con hielo. No pasaba nada, un par de cervezas frías eran el analgésico perfecto para conseguir conciliar el sueño. Sin embargo, hubo un momento en el que la situación comenzó a ser preocupante, tocaba hacer una visita al hospital.

El resultado de las pruebas fue, cuanto menos, sorprendente. Zakk tenía varios coágulos de sangre situados en su pierna. No uno ni dos, “un puñado”. Este problema se extendía por toda su pierna. La solución, o al menos el parche, era sencillo, aplicarse anticoagulantes, dos inyecciones diarias en el estómago. El guitarrista, pese a estar medicándose, no dejó de beber alcohol. ¿Qué significa esto? Pues básicamente, que cualquier corte, por pequeño que fuera, le habría supuesto una tremenda hemorragia al guitarrista. 

Por supuesto, el músico no tardó mucho en tener que volver al hospital, tan solo 11 días. Las noticias no fueron buenas, los coágulos se habían movido, ahora tenía tres en sus pulmones. Para llegar hasta allí, los trombos habían pasado por su corazón. Esto, en teoría, debería haber matado a Wylde. “Podrías haber muerto, probablemente, hace una semana y media, o cuando fuera que esas cosas pasaran por tu corazón”, le dijo su médico. Sin embargo, un elemento inesperado le había permitido seguir entre nosotros. “Si llevas bebiendo toda tu vida, desde que tenías 14 años, y ahora tienes 42, el alcohol ha debido actuar como un anticoagulante”, sentenció el doctor. La cerveza le había salvado la vida.

Sin embargo, si por un lado, el alcohol había permitido que su corazón no se parara, también se estaba llevando por delante su hígado y su páncreas. Zakk tenía que dejar de beber de inmediato o, en un plazo de tres años, necesitaría dos órganos nuevos. Desde entonces, el músico, que, por otro lado, hace ejercicio periódico y levanta pesas, ha dejado de beber. Tras su tratamiento, Wylde cerró el grifo para siempre de manera abrupta. No sustituyó la cerveza por nada, simplemente se hidrata con agua y bebidas para deportistas. Y es que, para ser un guitarrista tan virtuoso, hace falta una voluntad de hierro, la misma que le ayudó a no volver a abrirse una lata de cerveza nunca más. 

RockFM