El disco que cambió, para siempre, la historia de Motörhead

Con este álbum, la banda realizó algunos de los cambios más importantes de su existencia
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Un 29 de noviembre de 1993, los miembros de Motörhead salieron de un punto muerto con el estreno de 'Bastards'. Ya llevaban 20 años de historia a sus espaldas, acababan de contratar a un batería y estrenaban, también, nuevo sello discográfico. Aquel, sin embargo, fue uno de sus mejores discos, uno que lo cambió todo. ¿Por qué?

Volvamos unos meses atrás. Phil Taylor llevaba siendo el batería del conjunto durante muchos años,  pero no lo estaba haciendo bien. Tras la salida de 'March or Die', el músico comenzó a meter la pata y el resto de la banda, poco a poco, comenzó a perder la paciencia. Fueron muchos avisos los que se sucedieron, mientras que la actitud del batería, despreocupada e irresponsable, comenzaba a dañar la reputación de la banda. Un día, mientras grababan la canción “I Ain't No Nice Guy", el músico llegó sin saberse su parte. Fue despedido. 

Sin embargo, la banda no iba a quedarse quieta esperando y, al poco tiempo, reclutaron a un batería nuevo que, en aquel entonces, tocaba en King Diamond. ¿Te suena Mikkey Dee? El legendario músico se quedaría en la banda hasta el final de los días de Lemmy. Tras superar el luto de su muerte, Dee acabaría uniéndose a Scorpions para sustituir a un tipo vil y vulgar, James Kottak, y sigue en la formación a día de hoy. 

Pero volvamos a nuestra historia. La llegada de Dee no fue, en un principio, bien recibida por los fans del cojunto inglés. Y es que poca gente le conocía y tenía la tarea de sustituir a un histórico de la banda. Era un usurpador desconocido y los fanáticos no se lo iban a perdonar, le odiaban con todas sus fuerzas. ¿Quién salió al rescate? Como no podía ser de otra manera, Lemmy. Cuando varios fans llegaron a colarse en el backstage para increpar a Mikkey, el bajista y cantante les echó, no sin antes decirles que, tras verle tocando, cambiarían de opinión. Así fue. 

Todo estaba listo para el nuevo disco, 'Bastards'. La formación era, en aquel entonces, un cuarteto, con Lemmy, Dee, Phil Campell y Wurzel. Solo el último saldría de la banda, que acabaría sus díascomo trío con los tres primeros como únicos miembros de la formación. 

Ya solo quedaba un detalle, elegir la compañía discográfica. La formación venía de dos estrenos junto a Epic, '1916' y 'March or Die' y, sin embargo, Lemmy estaba muy quemado de las grandes discográficas. “No firméis con una de las grandes, niños del pop. ¡Haceros vuestra propio sello”, decía Lemmy en 1993. 

Así fue como Motörhead firmó con ZYX, una compañía independiente con la que sacarían el nuevo disco, que comenzaría con temas de la talla de “On Your Feet or on Your Knees” y “Burner”, pero que también tendría canciones frescas, potentes y con mucha más dirección que en su anterior trabajo. “Death Or Glory” o “Bad Woman” son verdaderos temazos y eso nadie puede negarlo. También hubo temas contra los terribles crímenes que se cometen contra los niños como “Don't Let Daddy Kiss Me”, en la que Lemmy se armó con la acústica para defender a los indefensos de despreciables malhechores. 

En definitiva, 12 canciones que cambiaron el sentido de la carrera de Motörhead. Los fans y los críticos estuvieron encantados con el tíulo, que no vendió tanto como anteriores trabajos por un simple motivo: la banda no había firmado con una gran discográfica y tenía menos poder de distribución. Daba igual, así es como era Lemmy, así es como era Motörhead, eran Rock N' Roll con mayúsculas, reales, rebeldes y comprometidos. Y es que, para ellos, no importaba el dinero, solo dar caña hasta el último aliento. Así lo hicieron. 

RockFM