Un isla, un árbol y la muerte acechando: el día en la playa que casi le costó la vida a Keith Richards (The Rolling Stones)

En abril de 2006, Keith Richards estuvo a punto de pasar a mejor vida de la manera más tonta
Un isla, un árbol y la muerte acechando: el día en la playa que casi le costó la vida a Keith Richards

 

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Los Rolling Stones y, más concretamente, Keith Richards, han estado a punto de irse al otro mundo en muchas ocasiones. Sus tonteros con las drogas, los problemas de salud y su comportamiento errátco han supuesto un peligro para su integridad en muchas ocasiones. Sin embargo, ninguna historia fue tan absurda como la que le sucedió al guitarrista en abril de 2006, cuando casi murió de la manera más tonta posible. 
Richards y Ronnie Wood decidieron que era el momento de tomarse unas merecidas vacaciones en una isla privada situada en la costa de Fiji, algo normal para el tren de vida de los Stones. El resumen de la historia es bastante breve y contundente, resulta que Richards se subió a un árbol, con la mala suerte de que, al bajar, se cayó y se dio un tremendo golpe. Este accidente, a la postre, provocó que se tuvieran que posponer varias fechas de la banda y, sobre todo, generó una gran preocupación por la salud del artista. Las circunstancias del accidente estuvieron rodeadas de rumores, unos decían que se había caído de una palmera, otros que había tenido un accidente de jet ski, que habría ocurrido al mismo tiempo. 

Lo cierto es que esta caída era todo un misterio que el mismo Richards acabaría aclarando en su autobiografía, 'Life'. Lo primero que aclaró es que el accidente no había tenido nada que ver con el jet ski, práctica que Keith incluye entre las "cosas que no le gustan nada de nada, porque son ruidosas, estúpidas y molestas para los arrecifes". Aquella palmera tan alta, en realidad, era un "árbol retorcido que era, básicamente, una rama horizontal" a siete pies -dos metros- del suelo. 

¿Qué fue, entonces, lo que pasó? Resulta que Richards había decidido ir a darse un baño y, al salir, y mientras se secaba, decidió que era buena idea subirse al árbol. Sin embargo, llegaba la hora de comer y al Stone le había entrado hambre, así que tocaba bajar del árbol, con la mala suerte de que no calculó la ruta todo lo bien que debía. "Había otra rama frente a mí y pensé: 'Simplemente tengo que agarrarla y caer suavemente al suelo'". Mala idea. "Pero me había olvidado de que mis manos aún estaban mojadas y tenían arena por todas partes y, según agarré la rama, no me agarré bien. Así que me caí sobre mis tobillos y me caí con la cabeza hacia atrás contra el tronco del árbol. Muy fuerte. Y eso fue todo", sentencia Richards en el libro. 

Los efectos del accidente no se manifestaron al instante. Richards no perdió la consciencia ni se notó mareado. Dos días después, todo parecía ir bien y estar olvidado. Sin embargo, durante una excursión al mar, cuando su bote fue golpedo por el oleaje, comenzo a sentir una tremenda jaqueca que le urgió a pedir que volvieran a tierra cuanto antes. Su dolor no paraba de empeorar cada vez más, lo cual era muy alarmante. "Nunca he tenido dolores de cabeza y, si los tengo, con una aspirina se me pasa. No soy un hombre de jaquecas", explica. 

Resulta que, al caer unos días antes, Keith se había fracturado el cráneo. Esto causó una hemorragia intracraneal, es decir, su cerebro estaba sangrando, lo cual había producido un hematoma cerebral, coágulos de sangre en su cerebro y su membrana protectora. Esto provocó que el músico tuviera que volar rápidamente hasta Nueva Zelanda, donde tendría que ser intervenido. 

El doctor que se encargaría de salvarle la vida Richards se llamaba Andrew Law y, curiosamente, era un gran fan de los Rolling Stones. No sabemos si esto implicó un esfuerzo extra, pero, sin duda, la operación fue excelente. "Me abrió el cránero, succionó todos los coágulos y luego puso el hueso en su lugar con lo que parecía un pequeño sombrero con tornillos de titáneo que se conectaban al cráneo", 

Después de semanas en el hospital en los que los sanitarios, pensando en Richards, "le pusieron un poquito de morfina extra", el músico se recuperó y, de hecho, no ha vuelto a tener un solo dolor de cabeza desde entonces. 

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