Keith Richards y una despedida que salió mal: cómo el Rolling Stone acabó llevando "muy dentro" a su padre

Aunque pensemos que un homenaje puede ser muy bonito, las cosas no siempre salen bien
Keith Richards (The Rolling Stones)

 

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De todos los personajes extravagantes que han pasado a lo largo de la historia del rock, The Rolling Stones podrían llevarse una medalla a las peores locuras. La que te vamos a contar hoy tiene que ver con Keith Richards, uno de los genios del rock que peor ha tratado a su cuerpo a lo largo de los años y que, sin embargo, por algún motivo, siempre ha conseguido estar "más fuerte que un roble". De robles va la cosa, de robles... y de una despedida, la de su padre, que salió mal, con inesperadas consecuencias. 

Todo comenzó con el triste fallecimiento del padre del Rolling Stone, que fue incinerado y cuyas cenizas Richards se llevó a su casa. Los meses pasaron y la realidad era que el músico no sabía que hacer con él. Lo que estaba claro era que aquel hombre, con el que Keith había tenido una relación ambigua pero, a fin de cuentas de cariño. ¿Cómo podía mostrarle sus respetos? ¿Dónde podía poner a su padre de manera que supiera que estaba respetando sus deseos? 

Un buen día, en su casa, a Keith se le encendió la bombilla. Su padre había sido un hombre al que siempre le había gustado la naturaleza, al que le gustaba la vida, plantar cosas, disfrutar de esos pequeños detalles. Justo daba la casualidad de que, en aquellos días, el músico estaba trabajando en su jardín, donde, de hecho, estaba preparándose para plantar un hermoso roble que iba convertirse en la joya de la corona de su pequeño rincón de retiro. 

Decidido, Richards cogió la urna con los restos mortales de su padre y se acercó hasta el jardín, más concretamente hacia el roble que acababa de plantar. El músico abrió la urna, y, sin dubitar, vació el contenido de esta sobre la tierra que rodeaba al arbol. La mala suerte, sin embargo, quiso que una ráfaga de viento fortuito se cruzara con el Rolling Stone y con lo que quedaba de su padre, haciendo volar parte de las cenizas hasta una mesita campestre que se situaba a pocos metros del lugar donde estaba. 

¿Qué se podía hacer? Richards, desde luego, no estaba dispuesto a tirar los restos mortales de el hombre que le había dado la vida. En 2007, durante una entrevista, el músico describió así el momento. "Cuando lo vi allí, no pude resistirme. Hice una pequeña línea, cogí una pajita y dije “nos vemos, papá'”. Richards se acababa de meter a su padre por la nariz. 

"Ingerí a mi antecesor, sí. Principalmente porque tuve una urna con sus cenizas durante cinco o seis años, que se encontraba en un estante. Era una pequeña caja negra con un número en ella. No podía lanzarle al aire ni nada así, el quería ser usado, no ocupar un trozo de tierra en un cementerio, donde sus huesos se pudrieran. (…) Después de tantos años decidí plantar un roble inglés en el jardín, así que decidí sacarle para ayudar al árbol a crecer firme y fuerte. Pero cuando levanté la tapa de la caja, parte de mi padre voló hacia una mesa", afirmó antes durante sus declaraciones. 

El roble, a día de hoy, sigue en el jardín del músico y está fuerte y sano. Richards, en ocasiones, ha afirmado que quiere que sus hijas hagan lo mismo con él una vez muera. No se puede decir que esta sea la mejor manera de honrar a alguien que ha fallecido pero, a fin de cuentas, de alguna extraña y retorcida manera, esa fue la manera Keith de decirle adiós a su padre con cariño. Ya sabes, cosas que los que no somos Rolling Stones jamás entenderemos. 

RockFM