LIBROS DEL ROCK

Los “incendios” de Jerry Lee Lewis

Con la muerte de Little Richard, “The Killer” es ya el único superviviente de una generación clave retratada como nunca en su biografía ‘Fuego Eterno’.
Imagen de la portada de 'Fuego Eterno'-

 

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Locutor RockFM

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“Eran las tres de la mañana y en el dormitorio principal de Graceland reinaba la calma. Elvis Presley yacía en la cama, inmerso en sueños, y vestido con su pijama de algodón azul (…). Estaba sonando el teléfono de la mesilla de noche. Era uno de los muchachos de abajo, llamando al ‘jefe’ para decirle que había problemas. Robert Loyd, uno de los guardas de seguridad de Graceland, había visto con desazón al Lincoln Continental del ‘76 subir apresuradamente por la entrada de gravilla y chocar contra la verja. –Quiero ver a Elvis– vociferó el conductor, con una voz tan áspera como el estruendo de cromo y hierro forjado que le había precedido–. Decidle que está aquí ‘The Killer’. El guarda le reconoció́ y le informó de que Elvis no quería ser molestado... A ‘El Asesino’ no le gustó aquello. Sacó una Derringer del calibre 38, y entornó los ojos, ya entrecerrados, con ira acrecentada (…)”. Con este truculento suceso, que acabó con la detención de Jerry Lee Lewis por amenazas y escándalo público, arranca ‘Hellfire’; la biografía de Nick Tosches de 1982, publicada en castellano como ‘Fuego Eterno’, por la Editorial Contra en 2016.

Invocando al demonio
Jerry Lee Lewis nació el 29 de septiembre de 1935 en Ferriday, al este de Luisiana. Su familia era muy pobre, pero sus padres pudieron hipotecar su granja para comprarle un piano al pequeño Jerry, que había aprendido a tocar con sus primos influenciado por el country, el rhythm & blues y el góspel que escuchaba por la radio. Ya siendo adolescente, Jerry Lee se colaba en los tugurios del barrio negro de Ferriday para empaparse bien del blues que estaba prohibido en su entorno al ser una música presuntamente “demoniaca”. Aún así, el día de su catorce cumpleaños, debutó tocando “Drinkin Wine, Spo-dee-o-dee” en un espectáculo de Ford en Ferriday.

“El cuarteto del millón de dólares”
Sobre los matrimonios de Jerry Lee han corrido ríos de tinta. Con dieciséis años se casó con Dorothy Barton, dos años mayor que él, y en su primer aniversario de boda grabó sus primeras canciones: “New Orleans Boogie” y una versión de la balada “Don't Stay Away ('til Love Grows Old)” de Lefty Frizze. En septiembre de ese año, su madre lo mandó a una escuela religiosa de Texas para que sólo tocase góspel, pero al poco tiempo fue expulsado por versionar “My God Is Real” al estilo boogie-woogie. Y sin divorciarse de su primera mujer, en 1953 se casó de penalti con Jane Mitcham. Así llegó al mundo su primer hijo: Jerry Lee Lewis Jr. Un año más tarde volvió a grabar versiones country (“If I Ever Needed You” y “I Don't Hurt Anymore”), hasta que en 1956 –y después de leer un artículo sobre Elvis– en una revista, viajó a Memphis probando suerte en su misma compañía: Sun Records. Y antes de su primer hit (“Whole Lotta Shakin' Goin' On”), el 4 de diciembre de ese año, se produjo un encuentro intergaláctico cuando ElvisCarl Perkins y Johnny Cash estuvieron improvisando con él en una jam-session que se publicó décadas más tarde.

Un pirómano con suerte
Leyendo su biografía, parece mentira que lo que casi acaba con la carrera de Jerry Lee Lewis fuera casarse con una prima de trece años. Y es que dispararle en el pecho a su bajista Butch Owens para presumir de puntería “sólo” le costó una indemnización de 125 mil dólares; al igual que cuando estrenó un Rolls Royce empotrándolo a escasos metros de un coche de policía bajo los efectos del alcohol, la fianza le permitió salir libre de toda culpa. Porque de santo siempre tuvo poco el músico de Luisiana, pero también es verdad que sus tropelías estaban relacionadas con su adicción a varios tipos de drogas. El no ser consecuente con sus creencias le creó una inestabilidad emocional que Nick Tosches describe mucho mejor que su película. Dicho queda.

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