Un viaje de surf, audiciones y un sabotaje frustrado: la historia de la llegada de Robert Trujillo a Metallica

A principios de 2003, Metallica estaba a la deriva y muchos se planteaban si la banda volvería
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Queremos que seas un miembro real de esta banda, no un mercenario. Por eso, para mostrar que vamos en serio, te ofrecemos un millón de dólares para que te unas a nosotros ahora mismo”. Así de entusiasmado -o desesperado- se mostraba Lars Ulrich el 24 de febrero de 2003, fecha en la que Robert Trujillo, actual bajista de Metallica, le daba el “sí” definitivo a los de San Francisco para suceder a Jason Newsted (y a Cliff Burton) a las cuatro -o cinco- cuerdas en la banda. 

A día de hoy, Trujillo ya es un miembro de pleno derecho de Metallica y, aunque parezca mentira, el hombre que más tiempo lleva militando como bajista de la formación. Sin embargo, y pese a haber pertenecido a bandas como Suicidal Tendencies o Infectious Grooves, además de haber tocado con Ozzy Osbourne, el bueno de Robert no lo tuvo nada fácil para entrar a la bada. 

Habían pasado dos años desde la salida de Jason Newsted, quemado y harto de que no le permitieran crecer más allá de Metallica, James Hetfield había entrado a rehabilitación y Ulrich se había visto, en los últimos meses, al frente de una banda agotada, con la creatividad mermada y que, a fin de cuentas, hacía aguas por todas partes. Todo indicaba que el fin de Metallica había llegado.

Sin embargo, mientras grababan un documental, con Bob Rock intentando rescatarles y con un poco convincente 'St. Anger' en camino, la formación sacó fuerzas de flaqueza, dispuestos Hetfield, Hammet y Ulrich a salir de aquel agujero en el que estaban metidos. Puede que no lo sepas, pero el encargado de grabar el bajo del plástico de 2003 no fue Trujillo, que llegó con todo el trabajo terminado, sino el mismísimo productor. La banda llegó, en una ocasión, a ofrecerle el puesto a Rock. ¿Te imaginas al reponsable de trabajar con músicos como Bon Jovi o con los mismos Metallica en su 'Black Album' de gira con los de San Francisco? La respuesta fue negativa.

Entonces, Metallica se puso las pilas y realizó uno de los castings más duros de la historia para contratar un bajista. Solo se presentaron los mejores: Eric Avery, de Jane's Addiction, Mike Inez de Alice In Chains, Pepper Keenan de Corrosion of Conformity, Danny Lohner de Nine Inch Nails, Scott Reeder de Kyuss, Chris Wyse de The Cult y Twiggy Ramirez de Marilyn Manson. Por último, o más bien primero, estaba Rober Trujillo. Lo cierto es que, en un primer momento, el mexicano no fue considerado ni para la prueba, pero Kirk Hammet recordó que había pasado una semana surfeando con él, aunque sin hablar de música. 

Robert fue el primero en ser audicionado, la persona a la que iban a caerle todas las críticas, el que asentaría el listón para los que vendrían después. Estaba muy nervioso, como en una entrevista de trabajo. De hecho, el bajista tuvo que responder a varias preguntas del conjunto. El día anterior, además, se lo había pasado en el estudio y conociendo a Lars Ulrich, con el que se emborrachó. Trujillo estaba de resaca ante la entrevista de trabajo más importante de su vida y, para colmo, justo delante de un tío, James Hetfield, que acababa de salir de rehabilitación.

¿Era todo una prueba maléfica de Lars Ulrich? Conociéndole, es muy probable. 

Trujillo era un flan, pero fue al baño, se echó agua en la cara y se preparó para afrontar la interpretación de “Battery”. La fuerza natural del bajista, que lleva en la sangre, fue quizás la responsable de que Metallica se quedara con la boca abierta tras tocar con él. No había duda, él era el elegido. Ninguno de los otros prestigiosos candidatos estuvieron al nivel. 

Desde entonces, Metallica es la que es. ¿Hubiera sido la misma banda con otro bajista? Nunca lo sabremos. 

RockFM