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Roy Orbison

Nombre real: Roy Kelton Orbison

Edad: 83 años

Lugar de nacimiento: Vernon, Texas, EE U

Premios:
  • 5 premios Grammy y 9 nominaciones. mejor actuación country de grupo o dúo 1980 (con Emmylou Harris, por That Lovin’ You Feelin’ Again), Mejor colaboración country 1988 (Crying), Premio a la trayectoria 1988, Mejor actuación de rock por dúo o grupo 1989 (Traveling Wilburys Volume One).
  • Music City Walk of Fame (2006).
  • Rock and Roll Hall of Fame y Nashville Songwriters Hall of Fame y en 1987, y Songwriters Hall of Fame in 1989.
  • Número 13 en la lista ‘100 cantantes más grandes de todos los tiempos’ de la revista Rolling Stone.

Web: http://www.royorbison.com/

Biografía

La canción, que alcanzaría un segundo puesto en las listas de EE UU y el primero en Reino Unido, era su tercer single con el sello Monument. Por el momento, Orbison mantendría su alianza compositiva con Joe Melson y la banda de la discográfica. Se habían acabado los titubeos y las incertidumbres económicas.

Mientras se cocinaba los primeros platos de la beatlemanía, Orbison profundizó en su propio estilo. El estribillo de “Crying” demuestra que puede abandonar sus registros cálidos y emocionar desde las notas altas. Un cierto aire de bolero impregna todo este tema, que dio nombre a su álbum de 1962. “Crying” arrancaba una racha ininterrumpida de cuatro años en los que temas como “Candy Man”, “Dream Baby”, o “Leah” se pasearían por seguridad por las listas de éxitos.

1964 llegaría cargado de buenas y malas noticias. La mejor de ellas sucedió en su propia casa: ya como artista consagrado, Orbison estaba con Bill Dees, que le ayudaba a componer. La esposa del cantante, Claudette, les sacó de sus divagaciones para avisarle de que necesitaba dinero para irse a comprar. Un comentario de Dees, según ha recordado él mismo, provocó que Roy se sacara de la manga unas líneas improvisadas: “Pretty woman, walking down the street…”.

A Dees le gustó lo que acababa de escuchar. Golpeó la mesa para marcar el ritmo y empezaron a tirar del hilo. La canción salió de las entrañas de Orbison. “Oh, pretty woman” tiene alma rockera, su inconfundible estilo y una imagen muy clara: una mujer inalcanzable. ¿Es una historia con final feliz? Parece que sí, fue un rotundo éxito. Puesto número uno en Billboard, puesto 222 de ‘Las 500 mejores canciones de todos los tiempos’ según la Rolling Stone, Grammy en 1991 por la interpretación en directo recogida en ‘A Night in Black & White’ y, por supuesto, la banda sonora de la película de Julia Roberts y Richard Gere, ‘Pretty Woman’. Las listas internacionales de 1964 se enamoraron de aquella intro, llena de energía, que marcaba con decisión el paso de una línea vocal que aún resuena en las emisoras como clásico indiscutible.

El romanticismo de Orbison había aguantado bien el desembarco de las bandas inglesas, incluso hizo amistad con algunas de ellas. En 1963, sale de gira europea con The Beatles; en el 64, con los californianos The Beach Boys. El año siguiente, con The Rolling Stones. Varias grandes discográficas, mientras tanto, tomaban nota y querían contar con él. Será MGM, con una oferta de un millón de dólares, la que convenza a aquel artista que aparecía siempre con gafas de sol; un detalle estilístico que añadía misterio a una prescripción médica.

En su momento más dulce musicalmente, Orbison se enteró de que Claudette, la mujer que había inspirado la canción que triunfaba en todo el mundo, le había sido infiel. Se divorciaron ese año, pero arreglaron las cosas y volvieron a casarse en 1965.

Orbison había ganado una audiencia internacional que le sería fiel incluso cuando, a partir de mediados de los sesenta, su popularidad en EE UU se fuera apagando. El estilo compositivo de Orbison influenció decisivamente a los Beatles, con los que tuvo una gran conexión, sobre todo con John Lennon y George Harrison. Un año después de volver a casarse, Claudette murió en un accidente de motocicleta cuando la pareja se marchaba de vacaciones. Demasiado pronto, otra tragedia llegaría en 1968: dos de los tres hijos del artista murieron en un incendio. Aquello secaría la creatividad del baladista, que, pese a todo, no dejó de girar.

En los ochenta, George Harrison reclutó a su colega para formar The Travelling Wilburys, un dream team musical en el que compartían ensayos junto a Bob Dylan, Tom Petty y Jeff Lynne, exlíder de Electric Light Orchestra. Fue una de los proyectos que impulsaron a Orbison a estrenar material nuevo, pero su repentina muerte en 1988 puso fin a un regreso triunfal. Si hay que buscar un testimonio de su última época, quizás lo más disfrutable sea ‘Roy Orbison and Friends: A Black & White Night’, una velada en blanco y negro en la que distintas estrellas —hablamos de Tom Waits, Elvis Costello, Bonnie Raitt o Bruce Springsteen— rinden sincero homenaje a Orbison y a todo lo que él significa: además de una voz única, unas baladas sólidas como catedrales, una escuela de composición ineludible.

De los muchos elementos que tiene el legado de The Big O, la tragedia no debería ser el más destacado, por mucho que sirva para insuflar literatura a su leyenda. Orbison se negaría a verse reducido al estereotipo de que su vida estaba completamente marcada por el drama. “Cuando escribía una canción melancólica o triste, en ese momento me sentía bien”,explicaría. “Por supuesto, sabía de qué trataba “Only the Lonely” cuando la escribí. Había estado solo. Pero, en ese momento, no”. En sus brindis a favor de los derrotados, de los que no tienen a nadie, también había muchas victorias. Él mismo nos ayuda a desentrañar una de las más significativas: “Supongo que la gente pensaría que era un cantante solitario. Pero en “Running scared” consigo estar con la chica, ¿sabes?”.

Por Ricardo Grande