Cara B: El día que el rock destrozó a la censura

Diego Cardeña recuerda uno de los momentos más brillantes en pro de la libertad y de la cultura del rock
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Locutor RockFM

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En septiembre se cumplirán 35 años de uno de los momentos más épicos de la cultura e historia del rock. La demostración al mundo, de que unas vestimentas, una teatralidad o una letra, no impiden a su protagonista tener una cultura mayor e incluso más valores, que aquel que pretende mofarse o atacar a un músico, una escena o un género.

El 27 de abril de 1984 Twisted Sister lanzaba “We're Not Gonna Take It”, el primer single de su tercer álbum, Stay Hungry, que pocos días después pondría a los de Dee Snider en el disparadero. El éxito fue fulminante, logrando su primer, y a la postre, único top 50 en el Billboard, además de conseguir que el canal de televisión que antes ponía videoclips y ahora realities, no parara de rotar su vídeo varias veces al día. 

Estamos en la primera mitad de la década de los ochenta. El Sunset Strip vive su gran apogeo, los excesos de sus iconos son conocidos, imitados y aplaudidos. Y en una linde coetánea aparecían Twisted Sister, que se movieron por el terreno de una provocación justa y medida al milímetro. De hecho, Snider, sostiene que “gran parte del mensaje de los ochenta fue dinero, sexo, drogas y rock and roll. Nosotros nunca cantamos sobre eso. Lo nuestro iba de no dejarse pisotear, luchar y creer en ti mismo. “I Am (I'm Me)”, “You Can't Stop Rock and Roll”, “We're Not Gonna Take It”, esos poderosos y fortalecedores mensajes”

Pero ante tanto desparrame, una serie de jóvenes con apellidos de peso en la cultura política americana, comenzaban a tomar posiciones. Para ellos/as era necesario establecer un control y censura sobre la música potencialmente dañina para la pureza de los niños y jóvenes estadounidenses. Así sería la misión del Parents Music Resource Center (PMRC), fundado por nombres tan ilustres como Mary Elizabeth Aitcheson, más conocida como Tipper Gore. Esposa en aquellos años del entonces senador demócrata y futuro vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, que hoy vive de premios como el Nobel de la Paz, en su lucha contra el cambio climático.

El PMRC elaboró una lista de quince canciones consideradas peligrosas. Más conocidas como The Filthy Fifteen, las quince asquerosas, porque hablaban sobre sexo, ambigüedad, onanismo, violencia, drogas, o incitaban al satanismo. Y por ello, reclamaron un sistema estricto de control, que censurase la edición y radiodifusión de los trabajos discográficos, según su temática decadente y peligrosa. No tardaron mucho en provocar que las tiendas de música de Washington D.C., y así por todo el país, dejasen de vender los títulos de esos músicos, con un importante impacto económico sobre los artistas y los sellos discográficos. Así que la clase política, se vio obligada a interceder.
 


A finales de verano del siguiente año, concretamente el 19 de septiembre de 1985, el día que el que escribe cumplía un año y un día de vida, Dee Snider declaró frente a un comité del senado, junto a John Denver y Frank Zappa. Snider pronunció un discurso repleto de inteligencia y cordura, la cual brillaba por su ausencia en según qué zonas de la sala. El alegato de Snider estaba exquisitamente centrado contra la censurapero también contra la interpretación errónea de las letras. "We're Not Gonna Take It" no fue la única canción puesta en tela de juicio, sino también “Under the Blade”, acusadas de violencia y referencias sadomasoquistas respectivamente.

En ese momento Snider dijo que "todas las referencias mencionadas no estaban allí, sino en la mente de la señora Gore", y que las decisiones sobre lo que es conveniente o no para los niños, eran responsabilidad exclusiva de los padres y de nadie más: “nadie puede establecer juicios que nos corresponden a mi esposa y a mí, en la crianza de nuestros hijos".
 


En esa disputa, a parte del genial discurso de Snider, destacó Frank Zappa, que dirigiría las negociaciones con el PMRC, y finalmente todo se quedó en una etiqueta de “Parental Advisory”, de aplicación difusa, pero no se llegó a censurar material musical, ni a restringir su venta y radiodifusión, que era la idea inicial del PMRC. Esa famosa etiqueta negra y blanca, que toda banda de rock y metal de los ochenta y noventa, lucía con orgullo en su portada. Incluso algunas bandas ya la imprimían como parte de la misma, sabiendo que aportaba más ventas a sus discos. Pero si miramos atrás, el primer disco en llevar su estampado, aunque no te lo creas, fue el ‘Purple Rain’ de Prince.

¿Y qué pasó con Dee Snider después de ese día? Primero le respondió a un periodista que se sentía “sucio” después de estar cara a cara contra algunos representantes de la clase política: “Estas personas no son mejores que yo, no son más inteligentes que yo, ni tan amables. No son buenas personas. Son manipuladoras y están usando el poder que ostentan por razones equivocadas”. Después, comenzó un sucio juego por parte de las autoridades, quienes revisaban el correo de Snider, además de intervenir su teléfono, en busca de algo que nunca se llegó a dilucidar. De otro lado, algunos compañeros de escena, como Dio o Alice Cooper e incluso los seguidores, dieron la espalda a Snider y su banda, por ofrecer, digamos..., una visión dulce de la escena. Un golpe bajo para una banda que estuvo diez años curtiéndose en diversos clubs hasta tener su oportunidad, demostrar que valían, y que en aquella batalla, consiguieron una libertad para sus compañeros y la industria musical en general, a la que hoy ya no hay que prestar importancia. O eso creemos.


Diego Cardeña
@DiegoCardenaFM

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