J.J. Cale: Calma y tempestad

La música de J.J. Cale ha tenido más fama que el propio artista a pesar de ser uno de los guitarristas más influyentes de la historia
J.J. Cale: Calma y tempestad

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Intento muchas veces hacer un repaso en el archivo de mi memoria para recordar aquellos grandes músicos que pueden situarse en el olimpo de los dioses, a esos son a los que acabo implorando al final del día. Si alguna vez habéis tenido una conversación con un músico, veréis que tiene una manera diferente de mostrar admiración hacia otros músicos, no se someten, en la mayoría de los casos, al arbitrio del público o los medios de comunicación, sino que se centran en las excelencias de la técnica, en las extravagancias o en cómo consigue ese vibrato soñado su amado ídolo. Todo eso es J.J. Cale.

En su carrera se los llevó a todos de calle, sus admiradores no paraban de intentar mantener ese ritmo imposible de las guitarras rítmicas, la minuciosidad de los solos y ese llevarlo todo como agarrando las cuerdas de un caballo desbocado para que corrigiera el galope hacia un paso calmado pero poderoso. Eric Clapton, Neil Young, Santana, Mark Knopfler, John Mayer, Tom Petty, The Allman Brothers y un larguísimo etcétera se dejaron embaucar por su particularidad, aunque ninguno de ellos consiguió, nunca, parecerse a Cale. Mientras, él, vivía ajeno a todo aquello, nunca quiso formar parte de una industria que exprimía a sus artistas.

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J.J. Cale, un músico raro, que huía de lo mainstream, y que lo único que le interesaba era grabar su música de la mejor manera, y fue posible gracias a no querer portar esa losa que ejerce la presión del público y de la industria. Huyó de la fama siempre que pudo: no quiso seguir como telonero de Traffic desde el momento en el que empezó a asomarse un atisbo de popularidad; rechazó ser número uno cuando un programa top de TV, American Bandstand, le ofreció la oportunidad de tocar “Crazy Mama” en playback en su programa, algo a lo que se negó contundentemente alegando que “soy músico, no actor”; vivió durante años en una caravana sin teléfono a las afueras de Nashville y en Anaheim; nunca quiso “ser el show, sino ser solo parte del show”, así de crudo se muestra en el maravilloso documental ‘To Tulsa And Back’ (2005).

El mago de Oklahoma logró crear un sonido nuevo, lo que se denominó el “Sonido Tulsa”, una mezcla de estilos que, curiosamente, no había confluido hasta entonces: blues, folk, country, jazz o rockabilly son algunas de muestras, pero puedes etiquetar su música donde quieras, que siempre acertarás. Su vida fue un aprendizaje constante, sus meses en el ejército le sirvieron para estudiar electrónica, lo que le serviría para aprender mezcla y grabación que aplicaría en todos sus discos. Aprendió también a mantener un estilo de vida calmado, como se puede apreciar en sus trabajos.

Los primeros años, como músico acompañante de otros artistas, los pasó intentando no imitar a nadie, manejar su propio estilo y, en 1966, sacó, como Johnny Cale (antes de que el dueño de Whiskey A Go Go, se lo cambiara por J.J. dado el parecido con el multiinstrumentista de The Velvet Underground), un single que incluía “After Midnight”. La fortuna quiso que cayera en manos del que por entonces era ya uno de los guitarristas más poderosos de la tierra, Eric Clapton, quien, cautivado por esa canción, quiso incluirla en su disco debut 'Eric Clapton' en 1970 tal y como haría tiempo después con "Cocaine".

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El bueno de Cale tuvo que escuchar esta primera canción en la radio para enterarse de su existencia, lo que le animó a alargar el éxito de la canción construyendo este primer disco que hoy tenemos entre las manos.

Mirada fría y perdida, melodías susurradas, basadas, según confiesa él mismo en la forma de cantar de Billie Holiday, anticipándose ligeramente al beat, hombre de pocas palabras que nos muestra desde su taburete en el escenario que puede tocar para 60.000 personas en el festival Crossroads de Eric Clapton y al día siguiente contarle a la audiencia de su siguiente concierto, un total de 25 personas, que aquello le había servido de ensayo para esa noche.

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'Naturally' no tuvo repercusión, aunque fue el disco más exitoso de su carrera; pero todo en él ofrece algo que no se puede transcribir con palabras; el sonido no es el mejor, la mezcla en ocasiones llama la atención, especialmente porque quería que todos los instrumentos estuviesen en el mismo plano, sin embargo, te llena. Siempre hay un mundo que descubrir en su obra.

Al guitarrista que menos púas ha perdido en su vida le faltarán cosas, pero le sobra gusto.

EL DISCO

1. “Call Me The Breeze”. Una animalada de dimensiones estratosféricas, la maestría radica en cómo está tocada, la simpleza estructural de un blues contrasta con la habilidad de su intérprete para llevarla a otra dimensión, todo ello a pesar de la caja de ritmos que lleva programada. Aunque fue dos años después cuando Lynyrd Skynyrd la hizo famosa al incluir una versión en su segundo trabajo ‘Second Helping’, la canción que pervive en el imaginario colectivo es la de Cale, a la que no se le puede reprochar ni ese sonido sucio que tiene la mezcla. Es gloria ver cómo Cale va tirando para atrás un tema que pide, continuamente, un paso hacia adelante; pero la calma de J.J. es uno de sus fuertes, y no se deja llevar por ese instinto primario que tienen los músicos viscerales de acelerar el tempo. Tanto el solo como los arreglos tienen cada uno su propia fuerza, escuchándolos con detenimiento entiendes por dónde quería tirar Clapton en su etapa en solitario. La letra, muy discreta, nos lleva como la brisa, por su mundo de soledad, avanzando en el camino sin carga alguna.

Ain't no change in the weather
Ain't no change in me
I ain't hidin' from nobody
Ain't nobody hidin' from me

2. “Call The Doctor”. Un sonido más fronterizo gracias a esa trompeta que va a acompañando a una melodía casi soul que nos marca el bajo, mientras que la guitarra hace sus breves apariciones para rematar esta pista que nos habla de una depresión por falta de dinero y de un amor verdadero.

Ain't had my medicine in over a week
My mind's fine but my body feels weak

3. “Don’t Go To Strangers”. La esencia de Cale se comprueba desde los primeros acordes, asombra que la sencillez de la guitarra nos marque un camino tan pulido con un gusto que atrapa, especialmente en ese solo pausado con las notas justas, pero todas ellas precisas. Posiblemente, una de las canciones en las que se fijó Mark Knopfler para dar una vuelta de tuerca a la música de Dire Straits. La letra es una llamada de atención, con cierto afán protector, a una mujer para que recurra a él cuando tenga alguna duda, es preferible, como siempre, lo malo conocido a lo bueno por conocer.

Wave your arms in the air, let me know that you're there
When in doubt, oh woman, call on me

4. “Woman I Love”. Un groove Funky-soul nos cambia de plano en el disco, las caderas van solas con los vientos (trombón, saxo, trompeta y armónica) y el piano. Ni rastro de la guitarra, pero es que no lo necesita, igual que la letra, que no tiene por qué decir nada. Se queda corta.

Woman I love ain't much more than skin and bone
If she ain't round the house - out of the door, daddy no more

5. “Magnolia”. Una delicia la entrada, solo con el primer acorde sabes que va a ser un temazo. La delicada nostalgia que envuelve la canción no solo está provocada por la instrumentación, sino que la voz de Cale se convierte aquí en puro drama. No hay duda de que nos transporta al sur con el recuerdo de un amor perdido que recuerda a través del canto de los pájaros autóctonos (whippoorwill o chotacabras) de aquella zona, New Orleans, y la magnolia, también característica de esas tierras. No os podéis perder la versión que hizo en 2014 de esta canción Lucinda Williams, dura el triple, pero merece la pena.

Magnolia, you sweet thing
You're driving me mad
Got to get back to you, babe
You're the best I ever had


6. “Clyde”. El rollo New Orleans inunda la canción gracias a la incursión de los violines y la candencia sureña, pero es el country el que se apodera de la banda. El protagonista de la letra, un bajista, que solo quiere pasar el tiempo sentado en porche tocando el bajo y cantando blues, con su inseparable perro al que ha atado una pandereta a la cola y le acompaña con la armonía. Se convirtió en el tema más alegre del disco por derecho propio. Gran trabajo de guitarras y violín contestando a cada frase de Cale a quien apoyan unos potentes coros.

Misery loves company
And his old dog sings harmony
Tambourine tied to his tail
You can hear him moan, you can hear him wail

7. “Crazy Mama”. Una canción que muestra a las claras que Cale no buscaba la perfección, la mezcla no está a la altura del disco y el sonido de la guitarra se te cuela hasta el hipotálamo, pero cuando una canción es gigante, necesita poco; es sorprendente que una pista tan desnuda me deje este sabor de boca tan especial. No solo son los fraseos con el slide, sino lo que todo junto provoca en mí. De hecho, fue el single que más alto llegó en las listas, posiblemente porque se sentían muy cómodos tocándolo, como se puede comprobar en este vídeo.

Crazy mama, I sure need you
Crazy mama, where you been so long?

8. “Nowhere To Run”. De nuevo la mezcla falla, un sonido demasiado oscuro para una canción tan luminosa (a pesar de la letra, donde se muestra triste y dolido); incluso Cale muestra cierta desgana en el canto, aunque algunos arreglos son prodigiosos. Destacan el piano y el saxo, aunque la intervención escueta del slide es indiscutible.

Pardon me, if I sound so sad
I can't get to you when I want you so bad
You done gave me them blues, then you took a ride
Left me with nowhere to run, nowhere to hide

9. “After Midnight”. El germen del disco. Tras el éxito cosechado por Clapton con su versión, Cale aprovechó para firmar su primer trabajo y comenzar su tarea evangelizadora con los guitarristas de Norteamérica. En el más puro estilo Cale, decide no darle tanta velocidad como hace Clapton y opta por una versión más cautivadora y oscura, donde todos los instrumentos, especialmente el piano que juguetea con el góspel, gozan de su momento de gloria. Aunque en el disco firmara este tempo, en los conciertos siempre daba un poco más de velocidad a la canción.

After midnight, we're gonna let it all hang out
We're gonna cause talk and suspicion
Give an exhibition
Find out what it is all about

10. “River Runs Deep”. Otra posible inspiración para Knopfler, uno de mis temas favoritos del trabajo por su elegancia y su interpretación. La guitarra, aunque algo aguda, guarda todo el sabor Cale. Por ponerle un pero, la percusión, que parece una caja de ritmos, cobra demasiado protagonismo.

No cheating woman gonna get a good man down
Running 'round like a silly fool
You're gonna end up at the bottom of the pool
And the river runs deep and the water's cold as ice

11. “Bringing It Back”. El lógico protagonismo del bajo en este boogie enturbia un poco la mezcla de la canción, que vuelve a mostrar al Cale más alegre gracias al ritmo y a los vientos, con su personaje principal cantando desde la cárcel al volver de México después de que le pillaran con un buen cargamento de “soul”.

Saturday, past September
In the jailhouse, I remember
I got caught with too much soul


12. “Crying Eyes”. Con melancolía y apelando a su soledad concluye el trabajo, con un temazo tan especial como su forma de tocar. Magia cuando suena la guitarra y muy especial la contribución del piano.


It ain't easy drying these crying eyes of mine
What can you do when those tears make you blind

RockFM