Dire Straits: diamantes bien pulidos

Con un disco lleno de matices maestros comienza la carrera de uno de los mejores guitarristas de la historia
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No sé muy bien cómo empezar este artículo, no tengo claro si hacerlo hablando de las excelencias del disco, de las de los propios Dire Straits, o comenzar haciendo un tratado del amor a un sonido único que me ha regalado Mark Knopfler durante todos los años musicalmente conscientes de mi existencia. Posiblemente “Sultans Of Swing” ha sido la única canción que me ha acompañado en todas las etapas de mi vida, especialmente cuando empiezo a prestar atención al sello personal que proyectan las bandas y me percato de las atmósferas que crea la guitarra de Knopfler, del sonido limpio y acogedor de sus solos, en los que me he quedado a vivir durante infinitas horas.

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Con su apariencia de hombre tranquilo, Mark infunde una furia sentimental a todo lo que hace, tanto en solitario como con todas las bandas de las que ha formado parte: Notting Hillbillies, Brewer’s Droop y, especialmente, Dire Straits, donde el éxito de sus canciones es accidental, prima la calidad en la composición por encima de hacer algo popular, pero es tan puro que el éxito no puede hacer oídos sordos a la llamada.

Llama la atención ver la trayectoria de Knopfler invertida, pero vamos a intentarlo: hace apenas un año se retiraba de la actividad concertística en Barcelona, pero seguirá grabando discos; 11 trabajos de estudio en solitario, 13 bandas sonoras de películas, 5 álbumes con otros artistas (de los que recomiendo ‘All The Roadrunning’, junto a Emmylou Harris) y los 9 discos de Dire Straits (tres de ellos en directo). Antes, la miseria, el tocar en clubs por la voluntad, dormir en la casa de su hermano David antes de crear junto a su otro compañero de piso John Illsley, la banda. Esa miseria se ve reflejada en el nombre, ya que Dire Straits viene a significar algo así como ‘muertos de hambre’ o ‘apuros económicos’. No nos olvidamos de sus trabajos como profesor y como periodista; ni de que es zurdo y tuvo que aprender a tocar la guitarra como si no lo fuera.

Es sobresaliente el papel que tuvo la radio a la hora de que Dire Straits firmara su primer contrato discográfico. Tras entregar Mark una demo de cinco temas a Charlie Gillett, éste no dudó en colocar, en varias ocasiones, “Sultans Of Swing” en su programa ‘Honky Tonk’; un A&R avispado fue el que se interesó por la banda que había detrás y fue a preguntarle al DJ quién hacía esta maravilla. Meses después habían firmado ya su contrato con Vertigo Records, filial de Phonogram Inc. Precisamente, la dedicatoria principal del disco es a Gillett, no es para menos.

Es cierto que, al principio, no supieron muy bien cómo venderlo, ya que la nueva ola punk estaba arrasando en la escena musical de Gran Bretaña, por lo que tuvo que ser Holanda quien pusiera a este disco en el Olimpo mucho antes que la tierra que los había visto nacer, después Alemania, Australia y EE.UU. impusieron la lógica para convencer a los británicos de su poderío, algo que acabó cayendo por su propio peso; no era lógico pensar que un trabajo tan potente no tenía cabida en Inglaterra, desde sus irónicas letras hasta la majestuosa composición; por no hablar del arte del disco presentando en portada una obra de Chuck Loyola. En cuanto a producción, aunque Knopfler estaba dirigiendo parte del cotarro, fue Muff Winwood quien retocó los detalles para que sonaran a ellos mismos, con generosidad, sin querer dejar su sello personal.

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Cinco discos después, la banda decide poner punto y final a lo que había sido la gloria; precisamente, fue el éxito lo que acabó con ellos; Knopfler no quería seguir soportando el peso de la fama y se construye un mundo paralelo a través de su marca personal, con la que sabe que va a seguir siendo un dios de la guitarra, pero que la repercusión va a ser mucho menor que con la banda original.

Las dos veces que he visto a Knopfler en directo han sido diametralmente opuestas, mientras que en la primera actuación pudimos corear los himnos de todas sus etapas, la segunda mantuvo un repertorio más folk de lo que esperaba, lo que no mermó mi entusiasmo cuando se despidió. No parece que vayamos a volver a ver al escocés sobre las tablas, pero seguiremos saboreando las delicias que nos brinda en sus discos. Mientras tanto hay paleontólogos que van poniendo el nombre del guitarrista a nuevas especies de dinosaurios encontradas; no es broma, lo llamaron Masiakasaurus knoplfleri, algo que encantó al propio Knopfler, quien aseguró que él no era tan feroz, pero que “el hecho de que sea un dinosaurio es bastante adecuado”. Humor británico.

EL DISCO

1. “Down To The Waterline”. Imagina un día de niebla en la bahía, suena el cuerno de un buque acercándose al puerto y aparecen, rasgando esa capa brumosa, las primeras notas de la stratocaster de Knopfler, que te presenta a la banda con un ritmo desenfrenado para contarte una historia de amor juvenil. Así comienzan conquistando esos dedos virtuosos, esos coros susurrados. Nadie se puede resistir a la enorme clase que se respira en este tema, especialmente en las variaciones armónicas del puente.

"No money in our jackets and our jeans are torn
Your hands are cold but your lips are warm"

2. “Water Of Love”. Unas claves marcan como gotas de agua golpeando la sien, a continuación la percusión que sustituirá a la batería durante toda la canción y, acto seguido, la clarísima y sensual inspiración en J. J. Cale. Es indiscutible que Mark adora el sonido country y el dobro que va rellenando los espacios en los que no hay voz. La soledad y la búsqueda del amor son los protagonistas de la canción.

"Once I had a woman now my woman she gone
Once there was a river now there's a stone
You know it's evil then you're living alone"

3. “Setting Me Up”. Una canción country para estudiarla en la escuela. Con un sonido espectacular y un solo redondo combinando varias técnicas country al alcance de muy pocos. Meritoria es la versión que se marca Eric Clapton en su disco en directo ‘Just One Night’ con Albert Lee a la voz. Tema para gozar.

"I got the latest side of the story
You're pulling out before you get burned"

4. “Six Blade Knife”. Lo que transmite la guitarra durante toda la pista es increíble, el feeling que despliega en el solo es emocionante, a veces cohibida y otras enérgica, como adoctrinando. Sonido nuevamente J. J. Cale. Un ritmo monótono, sí, pero con una tensión que no abandona hasta el final de esta canción irónica y mordaz.

"You can take away my mind like you take away the top of a tin
When you come up from behind and lay it down cold on my skin"

5. “Southbound Again”. Con un punto que nos deja estilos que nos transportan al sur de EE.UU., pero que también nos desvelan influencias del Clapton más chispeante, aparece esta canción en mitad de la nada para cerrar la primera cara del disco. Un riff con mucha grasa y un sonido de guitarra muy rico en matices para contarnos la historia de Mark, su huida de Leeds (aunque en la canción habla de Newcastle, donde se encuentra el Río Tyne), donde trabajaba de reportero, hacia Essex primero y Londres después.

"Southbound again last night I felt like crying
Right now I'm sick of living
But I'm going to keep on trying"

6. “Sultans Of Swing”. Un golpe de caja es lo que marca el ascenso a la gloria de la banda. Esta canción lo significa todo, la manera de ver un tema así es repartiendo la atención, ya que no solo la música es buena, sino que la letra nos deja una visión de lo que es una banda tocando por garitos, del sabor a jazz y a King Creole, de las jams y las copas a medianoche. La creación de un himno inmortal surge en cualquier bar, viendo a una banda tocar para una panda de borrachos y que, tras darlo todo, sueltan un “Buenas noches, somos Sultans Of Swing”; eso le bastó a Mark para componer esta maravilla; pero claro, hay que manejar los tiempos igual que los instrumentos. Resulta que Knopfler no tuvo su mítica Stratocaster hasta después de haberla compuesto. El resultado no complacía al guitarrista, ya que lo había grabado con un dobro en afinación abierta, pero al coger su nuevo cañón, todo cobró sentido, y eso se nota en los solos, en los arpegios, en todo. Por supuesto que los solos del disco de estudio son de lo mejor que nos ha dejado el mundo del rock, pero la versión del disco en directo ‘Alchemy’ es para hacerle una estatua. Gloria a la cadencia andaluza en la progresión de acordes.

"They don't give a damn about any trumpet playin' band
It ain't what they call Rock and Roll
And the Sultans Yeah, the Sultans, they play Creole Creole"

7. “In The Gallery”. Otro prodigio, con una cadencia que va a caracterizar los trabajos posteriores de Knopfler y, nuevamente, una muestra de la enorme técnica y el sonido único que consigue sacar a su instrumento. Crítica a ese arte banal que puebla las galerías y los museos y que resta importancia a los que, de verdad, crean arte.

"Some people have got to paint and draw
Harry had to work in clay and stone
Like the waves coming to the shore It was in his blood and in his bones"

8. “Wild West End”. Una guitarra desnuda deja que vayan entrando de forma glorisosa todos los instrumentos, incluido un piano que no aparece en créditos y que vuelve a asomarse a ráfagas muy contadas a lo largo de la pista. Un viajazo por el West End de Londres, una de las zonas favoritas de Mark donde también está inspirada “In The Gallery” y, posteriormente, en su “Expresso Love”. Absorbente.

"I saw you walking out
Shaftesbury Avenue Excuse me for talking
I want to marry you
This is the seventh heaven street to me"

9. “Lions”. Solo el inicio ya es para hacer una reverencia. Guitarras respondiéndose, coros doblando armonías, un lap steel haciendo virguerías y la cálida voz de Knopfler que te mete en una historia que parece estar basada, nuevamente, en otra zona de Londres, en esta ocasión le toca a Trafalgar Square y sus leones, uno de mis rincones favoritos de la ciudad.

"Drunk old soldier he gives her a fright
He's crazy lion howling for a fight"

RockFM