Rage Against The Machine: La Revolución

El discurso político de Rage Against The Machine se convirtió en un disco que se aferró al alma de una generación con ganas de cambio
Rage Against The Machine: La Revolución

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Una rabia inusitada despertó en 1992, en tiempos difíciles se necesitan voces que nos guíen y nos hagan despertar del letargo social en el que nos encontramos. Rage Against The Machine se convirtió en esa voz mesiánica de la contracultura que necesitaba el mundo, se podía mascar la tensión en cada uno de sus acordes, en cada uno de sus versos, todo su engranaje parecía una manada de búfalos en estampida.


La formación de la banda fue una carambola mágica. Zack de la Rocha y Tim Commenford (cantante y bajista) hicieron migas en la escuela, cuando el primero le enseñó al segundo cómo robar comida de la cafetería. Tim comenzó un proyecto con Tom Morello (guitarrista) llamado Lock Up, y cuando se disolvió reclutaron a Zack y a Brad Wilk (batería), que había hecho pruebas para su banda sin éxito y que era uno de los que se había postulado como batería de Pearl Jam. Juntos decidieron que el nombre de la banda tenía que mostrar muy a las claras el mensaje que querían transmitir y De la Rocha propuso Rage Against The Machine, que era como se iba a titular una canción que había escrito para su antigua banda Inside Out, un nombre que va más allá de pura palabrería (Rabia contra la máquina/sistema).

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Podemos entender mejor el origen de su espíritu subversivo siempre que veamos con perspectiva las vidas de Zack y de Tom; el primero era hijo de activistas que, desde pequeño, le hicieron abrir los ojos ante el sistema de gobierno mexicano y americano, lo que le llevó a trazar una línea muy clara a favor de los más desfavorecidos y los marginados, del sistema corrupto y de la maquinaria que mueve el mundo; mientras que Tom, ya de joven, había fundado junto a su hermano y su madre Parents for Rock & Rap, una fundación contra la censura en la música; desde pequeño había sufrido ataques racistas por el color de su piel, uno de los muchos motivos que le llevó a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard, desde ese mismo año combinaba 8 horas de estudio de guitarra con los de las diferentes asignaturas de la carrera, en la que se graduó con honores. Su primer trabajo fue en la oficina del Senador de California, pero no tardaron en despedirlo a raíz de la llamada de una mujer quejándose por que unos mexicanos se estaban mudando a su edificio, a lo que él respondió que el problema no eran los mexicanos, sino que ella era una racista. Desde entonces decidió que la música sería su objetivo vital.

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Los inicios fueron como los de la mayoría: demos, conciertos para amigos, tocar por cervezas… pero su oportunidad llegó al actuar en uno de los escenarios secundarios del Lollapalooza, allí se encontraba un ojeador de Epic Records que no dudó en ficharlos. Muchos no entendieron como su mensaje antisistema estaba a punto de ser difundido a través de un sello multinacional de esos que domina el mundo, pero ellos no habían perdido la perspectiva: cuanta más fuera la repercusión de su trabajo, a más oídos llegaría el mensaje, por lo que se dejaron seducir por el capitalismo que denigraban; eso sí, con el contrato, se aseguraron de que nadie iba a meter mano a su música, que iban a tener un control absoluto de la misma.

El sonido rompedor de Tom Morello a la guitarra tuvo gran parte de la culpa de que RATM se convirtieran en algo tan grande, no solo los riffs cortantes y atronadores que inventaba, sino esa búsqueda de una nueva técnica que derivó en algo así como hacer scratching con las seis cuerdas gracias al manejo de la palanca de cambios de las pastillas d la guitarra. Gracias también a la forma visceral que desprendía Zach cantando y la potencia que mostraban bajo y batería no solo influyeron a una generación con ganas de luchar, sino que fue, probablemente, el germen que llevó a la aparición del nu metal, un estilo que tendría como cabezas visibles a bandas como Korn, Limp Bizkit, Staind o Linkin Park; por eso es tan difícil una catalogación de su música, porque fue el puente entre el rock-metal-rap y lo que estaba a punto de llegar con el nu metal; es cierto que ya existían bandas que coqueteaban con esa fusión, como Beastie Boys o Biohazard, pero RATM tenían un punto de originalidad extra junto con unas letras centradas en lo político que no tenían rival en la música.

Recuerdo el Festimad 1996, aquel viernes el cartel fue un “fuck the system” en toda regla, habían pasado ya por las tablas Rancid y Cipress Hill reventando cabezas y, sin dar un segundo de respiro, apareció RATM con su discurso perfectamente estructurado (bastante más que la organización festivalera de aquel año), en dos minutos ya tenían a todo el público haciendo pogos, por lo que tuve la buena idea de alejarme un poco del escenario, pero la última media hora la vi en primera fila, no quería perder detalle de todo lo que allí sucedía, en momentos como esos es cuando te das cuenta de que lo que escuchas en los discos de la banda no tiene nada de artificial, que esos sonidos imposibles que Morello sacaba de la guitarra eran pura dinamita y que el derroche de energía de todos los miembros te aceleraba más que cualquier sustancia química de las que corrían por allí.

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No queda en el olvido la portada, muestra de que no solo quieren que te muevas por fuera, sino también por dentro; una increíble foto por la que Malcolm Browne ganó el premio Pulitzer; se trata del monje budista Thích Quảng Đức quemándose vivo en la posición del loto en Saigón, frente a la embajada de Camboya, en protesta por la persecución del gobierno de Vietnam del Sur a los monjes de su congregación, fue tal la repercusión, que el gobierno aceptó firmar un acuerdo histórico con la comunidad budista materializando, así, el fin de la crisis. Una fotografía que dio la vuelta al mundo y que, hoy en día, sigue poniendo los pelos de punta.

Un trabajo tan exquisito que los siguientes no lograron rebasar el listón que había dejado, eso sí, la vuelta de la banda estaba colgando el cartel de sold out en todas las actuaciones que se habían programado para estos meses de pandemia, por lo que tendremos que esperar al 2021 para que llegue esa esperada gira.

EL DISCO

1. “Bombtrack”. El que no conozca a RATM y escuche esta canción comprenderá de inmediato que no tienen pelos en la lengua. Su lenguaje reivindicativo e incendiario se muestra como una apisonadora criticando la opresión de la clase política. El riff llevaba años construido, igual que la mayoría del disco, pero este, en concreto, lo había escrito Tom cuando tenía 19 años, lo guardó en una grabadora porque sabía que algún día encontraría su lugar en el mundo, no fue con su anterior grupo, Lock Up, ya que lo veían como demasiado heavy para ellos, pero Morello supo hacerlo grande junto al resto de miembros de Rage. Arrolladora.

Those who compete at a level that's obsolete
Instead, I warm my hands upon the flames of the flag

2. “Killing In The Name”. Una de las entradas más carismáticas del rock, simple el riff de bajo, pero de una contundencia extrema, después entra el riff de Morello y el grito de De la Rocha para adentrarnos en un mundo de rabia y desesperación. No solo se convirtió en un símbolo de protesta en los 90’s sino que hoy en día tiene la misma acogida en todo movimiento de rebeldía de la sociedad, especialmente en los concernientes a injusticia racial. Sonidazo de las guitarras y un solo extremadamente corto, pero que te levanta del asiento, con el que Tom se postuló como uno de los grandes guitarristas del momento haciendo que su sonido fuera único en todo el mundo, emulando en ciertos momentos el scratch típico de los DJ. Mientras, la base rítmica no deja que la canción decaiga en ningún momento.

Some of those that work forces are the same that burn crosses

3. “Take the Power Back”. Quieren que el poder vuelva a pertenecer al pueblo, una letra que nos muestra a las claras que no creen en las enseñanzas que nos proponen los gobiernos. Menudo inicio con el bajo adoptando un groove que después doblará la guitarra. El solo un poco recargado, pero con momentos espectaculares.

I'm inferior? Who's inferior?
Yeah, we need to check the interior
Of the system that cares about only one culture
And that is why
We gotta take the power back

4. “Settle for Nothing”. El bajo domina la acción mientras que Zack saca sus dos lados más extremos, el más calmado con las estrofas y el rabioso en los estribillos. Este tema merecía un solo a la altura de una gran balada y Morello no decepciona. La letra muestra la desesperación de un hombre de clase baja a quien la vida no le ha tratado demasiado bien y piensa, entre otras cosas, en el suicidio como fin del infierno que vive. Zack mantuvo siempre que prefería estar despierto con el sistema a ignorar lo que ocurre a tu alrededor.

If ignorance is bliss
Then knock the smile off my face

5. “Bullet In the Head”. Otro gran himno de la lucha contra la hipnosis política. Una llamada a despertar; los medios de comunicación disparan en nombre del gobierno y lo hacen en prime time con su propaganda, mientras todos permanecemos como zombies sin hacer nada. Curioso que en 1992 De la Rocha predijo como los móviles harían perder la razón a la población. Musicalmente el bajo vuelve a dar la entrada, pero son las guitarras de Tom lo más llamativo, ya no es solo la técnica, sino la maestría a la hora de utilizar sus pedales, que en este caso son un Wah-wah y un whammy. La canción se había grabado para la Demo del disco, el resultado fue tan bueno que se publicó tal cual en la edición del trabajo. El final de la canción es pura energía.

Just victims of the in-house drive-by
They say jump, you say "how high?"

6. “Know Your Enemy”. Comienza con esa simulación enormemente genuina de sintetizador que realiza Morello con su guitarra, para dar paso a uno de los riffs más geniales de la banda. Enamorado del solo y del momento del slap de bajo. Para rematar la canción quisieron contar con dos colaboraciones estelares, la de Maynard James Keenan, cantante de Tool, que interpreta los versos del puente, y Stephen Perkins, batería de Jane’s Adiction, que se pone a los mandos de la percusión. Basado en el libro de Sun Tzu, ‘El Arte de la Guerra’, donde el autor asegura que para ganar todas las batallas es necesario conocer al enemigo, sin embargo, el mensaje vuelve a ser antibélico, especialmente contra un sueño americano que Zack define como: compromiso, conformidad, asimilación, sumisión, ignorancia, hipocresía, brutalidad y élite. De la Rocha defiende que ese país de libertad está creado sobre los cimientos del genocidio indígena y de la esclavitud.

The finger to the land of the chains
What? The "land of the free"?
Whoever told you that is your enemy

7. “Wake Up”. La contundencia del sonido de las guitarras y los poderosísimos riffs a lo largo de la canción van aumentando el tono de la misma, así como el del discurso de Zack, lleno de alusiones a los más importantes activistas y luchadores pro-derechos de EE.UU.: Malcolm X, Martin Luther King, Hoover… De la Rocha mezcla de manera magistral la lucha contra el racismo y los programas de contrainteligencia del FBI, implicando, incluso, al gobierno del asesinato de estos líderes. Hora de despertar.

Fist in the air in the land of hypocrisy
Movements come and movements go
Leaders speak, movements cease when their heads are flown

8. “Fistful of Steel”. Guitarras que van y vienen como sirenas de policía y el solo como una voz contestataria rebelándose y respondiendo a Zack, que adopta un patrón similar a muchos de los temas de Public Enemy y que nos insta a hablar sobre nuestras opiniones, a no estar callados ante las injusticias.

Silence, something about silence makes me sick
'Cause silence can be violent sorta like a slit wrist

9. “Township Rebellion”. Cambios de ritmo y de actitud dominan la acción de esta pista con un bajo que parece hablar y una guitarra que se incrusta en el cerebro con sus agudos mientras Wilk golpea sin cesar un cencerro, metáfora, quizás, del borreguismo de las masas. El estribillo, más dinámico, y el puente, nos van trasportando a diferentes mundos. De la Rocha habla del supremacismo blanco y de que una revolución no es posible si todos permanecemos dormidos. Durante el apartheid, la minoría blanca (21%) que habitaba en Sudáfrica tenía el poder y dividió a la población quedándose con la mayor parte de las ciudades y haciendo que el resto de la población se marchara a los llamados “Township”, desde los que llama a la rebelión. Afortunadamente, cuando se publicó el disco, el apartheid estaba comenzando su proceso de desmantelamiento y, dos años después, Nelson Mandela se convertía en el nuevo presidente de Sudáfrica.

Why stand on a silent platform?
Fight the war, fuck the norm

10. “Freedom”. Otro riff demoledor de Tom. La fuerza que demuestra la canción, especialmente en los últimos compases la utilizaron para cerrar los conciertos con una energía desbordada. Tanto la letra como el videoclip se centran en la figura de Leonard Peltier, un activista que luchaba en el Movimiento Indio Americano (AIM) para devolver a los nativos los lugares de donde habían sido expulsados. Peltier fue condenado sin pruebas a dos cadenas perpetuas por el asesinato de dos agentes del FBI. De la Rocha habla, aprovechando el tema, de la destrucción de las identidades a fuerza de aceptar la cultura impuesta por otros.

It's set up like a deck of cards
They're sendin' us to early graves for all the diamonds
They'll use a pair of clubs to beat the spades

RockFM