The Band: marcando el camino

El álbum debut de The Band, ‘Music From Big Pink’, generó, inmediatamente, el respeto de los músicos de la época y cambió la forma de concebir el rock
The Band: marcando el camino

 

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La dificultad por desentrañar la historia del rock se remonta a mucho antes de los 60’s, pero su popularidad iba decayendo hasta que, a finales de esta década, la diatriba que arrebataba el podio a este estilo en favor del pop, era más que evidente. Bob Dylan había roto ya su lanza para inmiscuirse en un terreno farragoso por el que fue abiertamente criticado, hablo del momento del gran paso, en el que cambió el folk por rock.

Ahí entra de lleno nuestra banda, la banda de todos: The Band, que quiso acompañar al jefe en este camino siendo su grupo de apoyo en los conciertos y en varias grabaciones. Pero un accidente de moto de Bob le hizo replantearse la situación, The Band había alquilado una casa en Woodstock a la que llamaron Big Pink, debido a su color rosado; en ella se quedarían a vivir Rick Danko, Garth Hudson y Richard Manuel, mientras que el resto de la banda, Robbie Robertson, Levon Helm y el propio Dylan irían a ensayar todos los días al sótano, donde montaron un estudio improvisado y grabaron las famosas ‘The Basement Tapes’ de Dylan.

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Allí se hacen fuertes y es donde establecen las bases de ‘Music From Big Pink’, un disco con el que rompen las reglas básicas del rock: no hay solos, por lo que existe un equilibrio perfecto entre instrumentos, y no tocan a todo volumen. Ambas cosas tienen su porqué, la primera porque querían acabar con el exhibicionismo propio del rock y prestar atención a lo realmente importante: la canción; y la segunda, por algo meramente funcional que vino dado por los acontecimientos. Me explico: el sótano de Big Pink era grande, pero no tanto como para seis músicos y sus instrumentos; además, las paredes tenían grandes bloques de hormigón y techos no muy altos, por lo que tenían que tocar a un volumen moderado si querían que todo se pudiera entender bien. A esto se añade que querían mostrar al mundo dos cosas: la riqueza de los arreglos y que eran pura rebeldía: si algo comenzaba a marcar el camino, ellos cogían la directa hacia el otro extremo.

En cuanto al nombre, puede parecer pretencioso, pero es justo todo lo contrario; primero se llamaban The Hawks como banda de apoyo a Ronnie Hawkins, en 1960, pero necesitaban un cambio de marca; además, no estaban todos y ese nombre había ganado relevancia por las connotaciones negativas de la guerra de Vientam. Aún no tenían nombre y, una noche que actuaban con Dylan en un concierto tributo a Woody Guthrie, se estrellaron con el equipo contra las puertas traseras del Carnegie Hall, cuando el vigilante les preguntó que quiénes eran, respondieron “The Crackers” (en referencia a sureños blancos sin educación), nombre que presentaron al sello Capitol a la hora de firmar el contrato. Una vez con el disco grabado, fue la propia compañía quien decidió, al enterarse del significado, bautizarlos como The Band, tal y como eran conocidos en Woodstock. 

Tenían la fortuna de ser músicos con una gran trayectoria, por lo que no suenan al típico grupo adolescente e inmaduro que quiere destacar a toda costa, esto hace que su debut parezca el de una banda consagrada, dificilísimo. Además, había comenzado a crearse una especie de mitología al extenderse el rumor de las grabaciones ‘The Basement Tapes’, lo que hizo más llano el camino al disco. 

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La grabación, por su parte, fue un camino de rosas a partir del momento en el que el productor se da cuenta de que no funcionaba si tocaban separados, por lo que les juntó en la misma sala y dejó que la magia fluyera como lo hacía en aquel sótano oscuro. Como buscadores de oro a orillas del Arrollo Redwood, dan con las pepitas doradas con una sola criba. No faltaría quienes iban a querer el disco solo para escuchar las canciones de Dylan, pero todo les explotaría en la cara al darse cuenta de la innegable calidad de las composiciones originales, entre las que destaca “The Weight”.

Cuando vio la luz, a mediados del 68, no tuvo la repercusión esperada en cuanto a venta de discos, eso sí, todos los músicos cayeron rendidos en sumisión; como anécdota, el propio Eric Clapton peregrinó hasta Woodstock para rogarles que le aceptasen como miembro de la banda, una vez allí no se atrevió a proponérselo, pero en ese momento decidió disolver la banda Cream y dedicar su vida entera a intentar sonar como The Band.

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Ellos tampoco buscaban la fama, lo único que les interesaba era ser productivos, así que decidieron no hacer gira de promoción; eso sí, a estos intereses unilaterales, se unió un accidente doméstico que tuvo Richard Manuel y en el que se abrasó un pie al intentar encender una barbacoa, lo que reiteró esa negativa a salir de gira. Y fue un día como hoy, un 17 de abril de 1969, cuando debutaran en directo en San Francisco. 
Volviendo a esa época, es necesario destacar que los verdaderos rockeros se veían a sí mismos como una especie tribal en extinción, por lo que comenzaron a adoptar símbolos que los identificaran, algo que culminó en la conocida revolución woodstockiana, donde The Band era la banda local en un ambiente en el que los grandes se hicieron más grandes, y los que aún estaban en segunda división (Hendrix, Joplin, The Who o Joe Cocker) se ganaron el ascenso por aclamación popular. 

Es posible que, si no has escuchado nunca este disco, no te entre a la primera, pero unas vueltas después estarás atrapado en esta música de raíces, melódica, elaborada, que fue creada para gozar ellos mismos. Aquí encontrarás rock, soul, R&B, country, gospel, hillbilly y algo de esa psicodelia que dominaba el mundo en aquel momento. Hubo críticas que aseguraban que el disco estaba bien, pero que podían hacerlo mucho mejor; por supuesto que lo comparto, pero no tenían ni tiempo ni dinero para llevar a cabo esa obra de ingeniería; ya llegaría su segundo disco ‘The Band’ para mostrar su eterna valía; por no hablar del concierto de despedida de Robertson, ‘The Last Waltz’, que Scorsese, amigo de la banda, se encargó de plasmar en una película que es una de las mayores delicias de la música de la historia.
La portada de ‘Music From Big Pink’ es lo que menos me gusta del disco, pero tiene su gracia, elaborada por Dylan al estilo de ‘Self Portrait’, que vería la luz un par de años más tarde. Desde luego, queda claro que Bob maneja mejor otros aspectos creativos antes que la pintura.

EL DISCO

1. “Tears Of Rage”. El debut de la banda solo podía empezar con su agradecimiento hacia Dylan; así, hacen una increíble versión de este tema que Bob incluyó en ‘The Basement Tapes’. La conjunción del piano, la guitarra y la sección de vientos acompaña magistralmente al ritmo fúnebre de la canción y a la voz de Manuel, que hace una interpretación memorable. Rompen otra de las reglas del rock, empezando el disco con este medio tiempo, lo habitual era no incluir baladas hasta la segunda o tercera canción, pero ellos quisieron rebelarse, nuevamente, ante la ola marcada. En la letra encontramos la angustia y el dolor de un padre por la pérdida del hijo cuando reniega de la línea familiar y se independiza. 

"And now the heart is filled with gold
as if it was a purse
But, oh, what kind of love is this
which goes from bad to worse"

2. “To Kingdom Come”. ¡Qué intro! ¿Cómo pueden manejar de este modo los tempos? Me tiene ganada desde el primer día que la escuché, el Groove del bajo y la parte instrumental final son materia de estudio. Fabulosa la mezcla de voces entre Danko y Robertson que no volvería a cantar hasta el disco ‘Islands’ en 1977. La llegada del juicio final, ojo con lo que haces, que la vida te dará lo que siembres.

"False witness spread the news
Somebody's gonna lose"

3. “In A Station”. Un canto spiritual de Richard Manuel, quien afirmó que, con esta composición ya tenía su “Canción George Harrison”; ciertamente, suena a él, pero los arreglos nos dejan coros muy trabajados y una evocación extraña a muchas culturas, desde la india a la sureña. 

"Is there nothing you can show me
Life seems so little to give"

4. “Caledonia Mission”. Como si de una historia de Faulkner se tratara, Robertson infla la historia de gran letrista, pero algo rebuscado; parece ser que el propio Helm, que aquí toca la guitarra, mientras Manuel coge las riendas de la batería, reconoció que habla sobre una redada de drogas en un aeropuerto en la que se vieron involucrados Danko y Levon; yo no lo veo en la letra, pero algo habrá… desde luego, Rick canta aquí como si fuese su propia letra, apropiándose del tema de principio a fin.

"You know I do believe in your hexagram
But can you tell me how they all knew the plan?"

5. “The Weight”. Robertson quiso hacer este tema para que su amigo del alma, Levon mostrase sus enormes dotes vocales lejos de la batería. Todo comenzó como inspiración bíblica por el origen de su guitarra, en la que ponía “Nazaret, Pensilvania”, pero según evolucionaba se fue convirtiendo más en un paisaje inspirado en personajes de Buñuel con la referencia de sus propias amistades. Ni siquiera era una de las canciones que habían planeado meter en el trabajo, la tenían como descarte por si algún otro tema no funcionaba, pero los nuevos arreglos de piano y voces fueron fundamentales para darse cuenta de lo que tenían entre manos y, casi sin querer, se convirtió en el eje principal del trabajo. El estribillo es como una reacción en cadena de voces que van poniendo su granito de arena para firmar unos segundos únicos. Una de las canciones que seguirá siendo parte de la banda sonora de mi vida. 

"Take a load off, Fanny"

6. “We Can Talk”. Un órgano electrónico te lleva directo al domingo de góspel, con Manuel, Levon y Danko turnándose las voces y recogiendo el testigo de las últimas frases de cada uno en un ejercicio de armonía soberbio. La letra, una parodia de cómo se hablaban los miembros de la banda cuando estaban de broma, con rimas absurdas y, a menudo, cursis. 

"Come, let me show you how
To keep the wheels turning, you've got to keep the engines churning
Well, did you ever milk a cow?"

7. “Long Black Veil”. Un dramón de los de antaño. Un hombre acusado de un asesinato que no cometió se niega a proporcionar a la policía su propia coartada para que su mejor amigo no se enterase de que, en el momento del asesinato, estaba poniéndole la cornamenta con su mujer. A la horca. Una balada country que popularizó Lefty Frizzell y que era uno de los estándares norteamericanos de las jams de la época. Increíbles los arreglos de metales, pasan desapercibidos, pero sin ellos la canción no sería la misma.  

"I spoke not a word, though it meant my life
I had been in the arms of my best friend's wife"

8. “Chest Fever”. Una canción incompleta. Cuando se grabó aún no se había terminado toda la letra, que acabó siendo un collage de lo que iba escribiendo Robertson, de ahí que prácticamente no tenga un sentido claro; incluso la música surgió de una jam de improvisación. Hudson haciendo una intro basada en Bach, sorprende a todos para llegar al riff ya mítico. Ojo al puente y a la parte instrumental, con los saxos y el órgano eléctrico dominando la escena. Aquí se puede intuir algo de la psicodelia dominante en la época, pero sin dejarse llevar por ella. 

"Now she drinks from a bitter cup
I'm trying to get her to give it up"

9. “Lonsesome Suzie”. Entre balada de película del oeste y un soul clásico, esta canción camina sola, uno de los temas más bellos del disco. La letra de Manuel habla de una mujer incapaz de encontrar pareja y un hombre que se ofrece a tan encomiable tarea, pero que es rotundamente rechazado. 

"Anyone who's felt that bad
Could tell me what to say
Even if she just got mad
She might be better off that way"

10. “This Wheel’s On Fire”. Otra intro de Hudson con referencias, pero esta vez, en lugar de buscar a Bach, se basó en el código morse, enchufando el teclado a un telégrafo semiautomático que encontraron en una tienda de subastas del ejército, y con el que conseguía el efecto de puntos reiterados o puntos y guiones, a lo que le dio un toque oriental. Danko escribió junto con Dylan parte de las letras y la melodía que acompañaría a la canción para ‘The Basement Tapes’, pero la letra es abstracta, en ella podríamos encontrar al narrador esperando la muerte y hablando con un posible enemigo. 

"Wheel's on fire
Rolling down the road
Just notify my next of kin
This wheel shall explode"

11. “I Shall Be Released”. La búsqueda de la salvación, una de las versiones más míticas de uno de mis temas favoritos de Dylan. Cantada en falsete por Manuel y armonizada en coros por Danko y Levon con un sentimiento, siempre, a flor de piel. La batería marca un ritmo fúnebre, mientras la guitarra solo marca acordes y el bajo nos va llevando a la salvación. Pero el piano es de vital importancia para entender el concepto. El vídeo que propongo, en el que el piano pasa a un segundo plano para dar importancia a las guitarras, pertenece, a ‘The Last Waltz’, con todos los artistas que participaron en el concierto (Dylan, Ringo, Neil Young, Van Morrison, Ronnie Wood, Joni Mitchel…). Absolutamente perfecto.

"I see my light come shining
From the west down to the east
Any day now, any day now
I shall be released"

RockFM