The Clash: energía desbocada
La mejor portada de la historia no podía contener una música que no le hiciera justicia, hoy, ‘London Calling’ es uno de los grandes mitos del rock.

The Clash: energía desbocada
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Mi juventud viene marcada por muchas bandas que han crecido en mi como un árbol repleto de ramificaciones y profundas raíces; pero no puedo dejar de pensar en aquella noche, en un bar de Ávila, escuchando “Spanish Bombs”, aunque ya había escuchado otros éxitos de la banda, mi primer recuerdo de The Clash fue ese, mientras intentaba ligar torpemente, algo que nunca cambió, y sostenía uno de mis primeros cachis de cerveza antes de llegar corriendo a casa minutos después de mi toque de queda, disimulando la chispa que llevaba, pero regocijándome en el recuerdo de esa música que, aún hoy, me pone los pelos de punta.
De esto hace ya una eternidad, pero el punk no ha dejado de estar presente en mi día a día, un género que a finales de los 70 habría ganado tantos adeptos que las bandas cuya música se caracterizaba por la superproducción, se plantearon si era necesario volver a la simplicidad o seguir con su plan; nadie claudicó y hubo espacio para todos los géneros, pero gran parte del público quería que los que se subían a un escenario contaran problemas reales de la sociedad, y en esto fueron pioneros dentro de aquella Gran Bretaña en la que crecía el desempleo y los barrios pobres y en la que no se intuía ningún esfuerzo de cambio por parte del gobierno de turno.

Corría 1976, el guitarrista Mick Jones, junto al bajista Paul Simonon se habían asociado al batería Terry Chimes y, su mánager, Bernie Rhodes, se los llevó a ver a The 101’ers, liderada por Joe Strummer, a quien convencieron que se uniera con la frase “eres bueno, pero tu grupo es una mierda”, querían competir directamente con Sex Pistols y, precisamente, su primera aparición fue teloneando a los de Rotten, en un show que NME criticó hasta dejar en ridículo a The Clash, afirmando que deberían encerrarse en su garaje con el motor de su coche en marcha, comentarios que hicieron que, durante más de un mes, no salieran del local de ensayo para perfeccionar las bases de lo que tenían ya entre manos. Eso sí, esa misma noche, las dos bandas se fueron a ver a Los Ramones, que capitaneaban la escena punk en EE.UU. y que, inmediatamente, se convirtieron en el prototipo a seguir.
Su primer disco se convirtió en éxito, pero no masivo y, desde luego, no tuvo espacio para aparecer en las radios norteamericanas, pero con Inglaterra unida en su veneración no era más que cuestión de tiempo; por aquel entonces Chimes había decidido pasar de la banda por esa curiosa e incomprensible moda de escupir y tirar botellas a la banda, Rob Harper lo intentó, pero el espacio de la percusión se lo adjudicaron a Nicky Headon, que resultó ser un gran complemento.

La CBS los había fichado por una millonada y las críticas de los fans por convertirse al capitalismo fueron contestadas con contundencia por una banda que afirmaba que aprovecharía ese dinero para que su mensaje llegara a más gente, y así fue, su tercer trabajo ‘London Calling’ se convirtió en uno de los más aclamados de la historia de la música moderna.
Eran auténticos, eran viscerales y querían hacer las cosas a su manera, algo que ponía de los nervios a la discográfica, oponiéndose frontalmente a que grabaran un disco doble; pero ellos tenían en la cabeza una amalgama de estilos que querían plasmar en el trabajo, no solo punk rock, sino rockabilly, reggae, ska e, incluso, jazz, son solo alguna de las muestras de un dominio que perfeccionaron durante los ensayos del disco.

Ellos mismos eligieron a Guy Stevens como productor, lo que volvió a alertar a la CBS, ya que eran de sobra conocidos sus problemas con el alcohol y las drogas, pero, a pesar de dos o tres problemillas con algunos destrozos en el estudio, consiguieron tener el disco preparado en cinco semanas, momento en el que había que pensar en la portada. Fue difícil, porque ellos estaban convencidos de que la foto que había realizado Pennie Smith en Nueva York tan solo un mes antes de que se metieran a grabar el disco, era una visión perfecta de lo que significaba la banda, sin embargo, ella no quería porque la foto estaba desenfocada. La decisión no solo fue sabia, sino que hizo que se convirtiera en la mejor fotografía del rock and roll de todos los tiempos y, ¿cómo no?, la mejor portada, gracias, también, al homenaje que hacen al primer disco de Elvis Presley con la tipografía y estructura de las letras. Para los que aún no lo sepan, se trata de Paul Simonon destrozando un bajo en pleno escenario, algo que surgió de la desesperación del músico al enterarse de que los miembros de seguridad no dejaban al público levantarse de sus asientos para disfrutar del show.
Los hay que dicen que no eran buenos músicos, pero las envidias siempre las destroza el tiempo; puede que no fueran los mejores instrumentistas, que las voces a veces fueran nasales o gritadas, que Simonon aprendiera a tocar el bajo el mismo día que decidieron montar la banda, pero es evidente que han creado una escuela propia y que el último medio siglo ha tenido en The Clash un espejo en el que mirarse.
EL DISCO
1. “London Calling”. Si tenemos en cuenta que el mundo no ha acabado, el mensaje apocalíptico queda en agua de borrajas, pero es mucho más que eso, es la preocupación de una banda por la situación actual en todos los frentes, desde la brutalidad policial hasta los errores nucleares, pasando por las batallas del propio grupo con el sello discográfico y los problemas de inundación que sufriría Londres si el Támesis se desbordara. El título hace referencia a la alocución que se escuchaba en la radio cuando durante la II Guerra Mundial cuando hacían transmisiones desde los países ocupados, algo que se le quedó grabado a Strummer a fuego cuando lo escuchaba desde Alemania, donde vivía con sus padres. El tema no es uno de los habituales ritmos frenéticos punk de la banda, y la utilización de una tonalidad menor hace que se convierta en mucho más paranoica (sin olvidar los cacareos de Strummer en el puente), el bajo de Simonon se convierte en una especie de leit motiv que rebota en el interior y allana el camino. El solo de guitarra tiene la característica de estar reproducido al revés, una locura más de los mozos, mientras que el final del tema es una llamada de socorro, un SOS en código morse que creó Jones en una de las pastillas de su guitarra.
2. “Brand New Cadillac”. Un riff con un sabor muy de western y una banda que trata de convertirse en rockabilly inmortalizando un tema de Vince Taylor & His Playboys. Fue la primera canción que grabaron para el disco y, aunque lo hicieron en una sola toma, se ve que es un tema muy cuidado, con un sonido y una fuerza tremenda; la letra no es para tirar cohetes y la estructura es de blues clásico, pero The Clash añade su punto de calidad.
3. “Jimmy Jazz”. Con este tema demuestran que no se querían encorsetar en el punk más radical, sino que sus intereses encajaban también con los sonidos del blues y el jazz. Una oscura historia que atañe a Jimmy Jazz, el personaje principal de la trama al que persigue la policía. El inicio nos sugiere un bar de jazz en el que está empezando a tocar una banda cuyos instrumentos van entrando poco a poco; los arreglos, prodigiosos, nos trasportan a través de la historia recogiendo. Solos generosos de guitarra y los vientos de The Irish Horns volviendo loco al personal al final del tema. Sin duda, uno de los grandes momentos del disco.
4. “Hateful”. Strummer quiso dedicar la letra a las drogas, no precisamente como algo bueno, pero tampoco desdeñándola, haciendo balance entre lo bien que hace sentir y lo mal que te deja. Además, parece hablar de uno de sus grandes amigos, Sid Vicious, que acababa de fallecer por una sobredosis de heroína. Aunque para ellos era habitual el consumo, durante la grabación de ‘London Calling’ prescindieron, al menos, de las drogas más duras. Musicalmente no pasa de ser un tema punk con estribillo pegadizo.
5. “Rudie Can’t Fail”. Primer guiño de la banda al reggae, un género que influenció tanto a Strummer como a Jones, que quisieron cantar a dúo este tema que habla de los “rude boys”, como se denominaban los hijos de jamaicanos nacidos en Inglaterra y que no tenían muy buena prensa entre la sociedad. Homenajean también en la letra al actor Ray Gange, que un año más tarde sería el protagonista de la película ‘Rude Boy’ en la que hace de roadie de The Clash. Gran trabajo de Headon a la percusión y de la sección de metales.
6. “Spanish Bombs”. Uno de mis mejores recuerdos de adolescencia con una letra que repasa el final de la Guerra Civil española, un tema que comenzó a interesar a Strummer gracias a uno de sus roadies, que le prestó numerosos libros relacionados con este episodio histórico. Durante la grabación del disco ETA sembraba el terror en nuestro país y el IRA lo hacía en Reino Unido, por lo que decidió componer una canción que comparase la España del 79 con la del 39. La guitarra de Jones se convierte en un elemento básico para que la canción tenga esa grandeza, que también eleva el teclado de Mickey Gallagher, ambos arreglos la convierten en un pop rock poco usual para la banda. La intentona por chapurrear frases en castellano no fue demasiado convincente, pero ese acento guiri es de lo más encantador.
7. “The Right Profile”. Al igual que R.E.M. se inspirara en Montgomery Cliff en su canción “Monty Got A Raw Deal”, The Clash hace lo propio tras haber leído una biografía del actor en la que contaban el accidente de automóvil que tuvo tras una fiesta en la casa de Elisabeth Taylor y que desfiguró parte de su rostro, por lo que, aunque siguió rodando películas, los contratos incluían una cláusula en la que solo se le podía filmar por su “perfil bueno”. El gran trabajo a los vientos de The Irish Horns hizo que este tema no pudiese ser interpretado en directo al omitir lo que otorga a la canción el punto perfecto.
8. “Lost in the Supermarket”. El mundo está cada día más acelerado y el consumo nos hace parecer ovejas, perdido en el supermercado está basado en hechos reales, con un Strummer que se perdía, literalmente, en el centro comercial que tenía en su mismo bloque. Fantástico el trabajo a la batería de Headon que llegó al estudio inspirado por el concierto que la noche anterior había visto de Taj Mahal, aunque hay un momento en el que el charles me saca un poco de mis casillas. Puede ser una de las canciones más ricas del álbum, con un gran solo y una línea de bajo difícilmente mejorable. Es Jones quien lleva la voz principal a pesar de no haber escrito él la canción.
9. “Clampdown”. Esta palabra define la represión de clase, Strummer y Jones querían animar a la juventud a no quedarse con lo que la sociedad dice que es lo mejor para ellos, por lo que la lucha contra el capitalismo y el fascismo se convierte en el elemento principal de la canción más comprometida de la banda, que surgió tras el accidente en la planta nuclear de Three Mile Island, en Pensilvania. Los curiosos cambios de tempo y armonías, junto con la forma de tocar de Jones en diferentes partes de la canción, marcan la diferencia.
10. “The Guns of Brixton”. Siguiendo con la temática política es Simonon el que se atreve con la composición y la voz principal, algo poco usual, pero que le otorga un elemento más sobre el que valorar el trabajo, a esto se une la variedad musical que, aunque se ve una clara influencia del reggae en guitarras y percusión, la melodía de voz nos deja un sabor a The Clash muy especial. Al parecer un ejecutivo de la CBS se había acercado ese día al estudio y Simonon cantó la canción sin dejar de mirar fijamente al invitado, algo que podría definir la expresividad de este tema. En su siguiente trabajo, ‘Sandinista’, en la canción “Broadway”, la hija del teclista, María Gallagher, interpreta la canción acompañada del piano de su progenitor mostrando una curiosa mezcla entre la inocencia de la pequeña y la dureza de la letra.
11. “Wrong ‘Em Boyo”. The Rulers fueron los primeros en poner en órbita este tema de Clive Alphonso, pero el rollo que le da The Clash es brutal, gracias a los metales y el teclado de Gallagher, que convierte en Ska puro este tema que originalmente era mucho más relajado. Posiblemente uno de los temas más divertidos y bailables del disco.
12. “Death or Glory”. En un principio esta canción estaba pensada para ser lo más parecido a una balada, Strummer lo había compuesto a piano, pero una vez metidos en el estudio vieron que funcionaba mucho mejor a este ritmo. El tema habla de la vida de aquellas rockstars que tenían en mente aquel lema de “vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver”, parece que lo escribió Strummer pensando en su yo muerto del futuro. Canción de las más completas del disco.
13. “Koka Kola”. No solo hablan aquí del mundo de la publicidad y la manipulación psicológica de los anuncios, sino también de las empresas que dominan el mundo en las que, según vieron cuando llegaron a EE.UU., se servía cocaína en bandejas de plata, por lo que aprovechan para comparar ambos productos. Punk en vena.

14. “The Card Cheat”. En un alarde de demostrar lo que saben hacer, recorren con esta canción estilos basados en el rock con momentos que podrían acreditarse a los Stones, Springsteen o The Beatles. Son los cuatro miembros los que firman la canción en la que desvarían con la metáfora de un jugador que es sorprendido haciendo trampas con la propia vida, con la muerte está siempre acecho.
15. “Lover’s Rock”. En los años 60 comenzó a popularizarse un género llamado Lover’s Rock, se trata de un reggae lento cuyas letras combinan contenido romántico y sexual, no queda del todo claro si The Clash está o no a favor de este movimiento, ya que parece que al final de la canción se le escucha a Strummer decir “ridículo, ¿verdad?”; en cualquier caso, quisieron prestarle una pista a este medio tiempo que acaba casi como música disco. La lírica parece también una especie de burla de un jamaicano a los occidentales. Sea como sea, burla o no, les quedó una buena canción con momentos muy interesantes y los mejores coros de todo el disco.
16. “Four Horesemen”. La mitología también tiene cabida en este trabajo, los cuatro Jinetes del Apocalipsis, llegan en tono de humor en una de las letras más estrambóticas del disco, en la que ellos mismos son los protagonistas a los que les ocurren cosas de lo más variopinto. Un tema para relajar la tensión.
17. “I’m Not Down”. Jones es el protagonista tanto de la letra como de la composición del tema, una pista autobiográfica que relata los difíciles momentos que había pasado, con un robo en su propia casa en el que le usurparon la mayoría de sus pertenencias y la ruptura con Viv Albertine, guitarrista de los Slits, durante la grabación de ‘London Calling’, motivos principales por los que se enfrentó a una pequeña depresión, pero aquí se pone firme y mira hacia adelante. Sorprende a mitad de canción un cambio de la batería a la percusión que descoloca un poco pero que tiene su gracia.
18. “Revolution Rock”. El cantante jamaicano Danny Ray escribió esta canción para interpretarla junto a su banda, pero fue gracias a esta versión de The Clash que consiguiera el logro de ponerla en el mapa musical. Strummer quiso cambiar ciertos aspectos de la letra con el fin de hacer un guiño a los fans de la música punk, algo que no le hace perder la esencia propia del tema, un discurso motivacional en medio de dos temas de lo más destructivos. Espectacular interpretación de toda la banda, pero en especial la voz de Strummer, que nos va guiando por una tela de araña que no te deja escapar. La idea era que el disco acabara con esta pista, pero, a última hora, decidieron incluir una última joya.
19. “Train in Vain (Stand by Me)”. Como se incluyó en el último minuto, no constaba en las primeras ediciones como tema en el track list debido a que el arte ya se había mandado a imprenta, sin embargo, que se podía escuchar como pista oculta; la decisión hizo que fuera uno de los primeros éxitos de la banda y gozar del estatus de ser una de las canciones preferidas de sus fans. Se había grabado para que formara parte de un recopilatorio que iba a sacar la revista NME, pero acabó dentro del trabajo. El ritmo de la canción fue lo que determinó el nombre, ya que lo veían como un tren en marcha. La letra, escrita por Jones, parece que se dirige a su ex, Viv Albertine, quien aseguró que se sentía orgullosa de haber inspirado esta maravilla. Jones incorpora la armónica a esta pista, que nos deja con un sabor de boca indescriptible.



