Trascender a otra dimensión

Solo el Van Morrison más astral, lejos de etiquetas comerciales, podía haber escrito un discurso tan sólido como Astral Weeks.
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Van Morrison dice adiós, con este disco, a su primer personaje, el adolescente que tocaba en garitos, el de los grandes éxitos; ni el rock de “Gloria” o “Here Comes The Night”, ni el pop de “Brown Eyed Girl”, tienen cabida en este proyecto que se convierte en un experimento de jazz, soul, blues y folk.

La personalidad árida e irritante del León de Bealfast necesita estímulos continuamente, pero cuando no tomas drogas, tienes que recurrir a otras rutinas para elevarte; este disco es la trascendencia al plano astral de Van Morrison. Por aquel entonces, tenía contrato con un sello discográfico, Bang Records, regentado por mafiosos que no cumplían con las expectativas del cantante, hasta tal punto que, en una de sus muchas discusiones, uno de los dueños de la compañía le estampó una guitarra en la cabeza. Tuvo que intervenir Warner Bros. que, con una bolsa llena de dinero, compró el contrato de Van Morrison y le llevó a grabar su mejor disco y, también, el menos comercial de toda su carrera. En ese momento estaba en la ruina y tenía que dar un salto al vacío.

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Las sesiones fueron cortas y escasas, la compañía había llamado a los mejores músicos de jazz del momento para que acompañaran su acústica y su voz. Richard Davis había tocado para Miles Davis, Frank Sinatra o Sarah Vaughan, Connie Kay pertenecía al Modern Jazz Quartet y John Payne, que ya había colaborado con Van en su anterior proyecto, se coló, gracias a su labia, en las sesiones de grabación. No dio apenas instrucciones a los músicos, dejó que todo fluyera, que improvisaran, que se empaparan de los sentimientos que les provocaban los temas. Seguramente cualquier músico de sesión pop o rock de la época no hubiera sabido qué hacer con estas canciones, pero esa banda hizo un alarde de sabiduría musical para encumbrar este trabajo.

Precisamente, una de las cosas que hacen especial al disco es el contrabajo, con su pulso atómico; aunque todos los instrumentos dan vida a esta obra barroca y compleja. No estaba, sin embargo, el irlandés de acuerdo con el resultado, creía que los músicos y los arreglos de cuerdas habían arruinado el trabajo. Ni siquiera él apreciaba esa atmósfera emocional que Warner tampoco supo promocionar.

Si analizamos cualquier canción pop o rock, vemos que, entre otras cosas, son organizadas, la composición suele ser pulcra, en este caso es un desorden tan perfectamente ordenado que asusta. Todo ello a pesar de que ninguna canción tiene más de cuatro acordes; pero, ¿quién dijo que una buena canción depende de eso?

No recuerdo el día en el que llegó a mis oídos el ‘Astral Weeks’, conocía a Van Morrison, adoraba canciones como “Moondance”, “Crazy Love” y, especialmente “Into The Mystic”, pero un día me salpicó la noticia que había un primer disco que era especial. Como no existían programas de streaming, ni pirateo a escala internacional, y ninguno de mis amigos lo tenía, hice caso a las malas lenguas y me lo compré.

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El ritual suele ser poner el vinilo a rodar, leer las letras mientras suena, echar un vistazo a los créditos y poner el volumen al 10, pero como no tenía folleto con las letras, me dejé cautivar enteramente por el contenido musical. Tenía ganas de que acabara para poder ponérmelo de nuevo. He escuchado miles de discos, pero este, probablemente, ha sido el que más veces he

puesto, pero no porque sea el que más me gusta, sino porque cuando tienes ese vacío en el que no sabes qué escuchar, ‘Astral Weeks’ es el único que me encaja siempre, el único que, con total seguridad, va a acabar reconfortándome.

Para Morrison es un disco más en su carrera, de hecho, un disco que hasta hace muy poco no había querido tocar en directo, es probable, que entrañe una dificultad extra, ya que no se trata del soul o el R&B al que nos ha acostumbrado el genio de Bealfast, por eso no fue hasta 2008 cuando se decidió a llevarlo al directo en dos conciertos en el Hollywood Bowl y es una auténtica locura. En su línea habitual, no vas a encontrar ni un saludo ni una despedida, tampoco un gracias entre canción y canción; sí, de vez en cuando, cara de mosqueo si ve a un músico distraído. Pero merece la pena. Este trabajo será siempre la luz que me guíe.

EL DISCO

- PART I: In The Beginning

1. “Astral Weeks”. El pulso repetitivo del contrabajo de Richard Davis y la flauta mágica de John Payne abren con este tema la caja de pandora, los arreglos de cuerdas no pasan desapercibidos. Hay mucho de música tradicional irlandesa inmersa bajo el paraguas del jazz. Según sus leyes de escritura espontánea, la letra refleja cómo hay que morir para nacer de nuevo.

"Lay me down In silence easy
To be born again"

2. “Beside You”. Cuanto un tipo tan árido escribe una canción de amor hay que pararse a escuchar. Si bien, este amor se dirige a un niño, probablemente el primer pequeño que adoptó y con el que está conectado espiritualmente. El inicio, casi medieval, es toda una clase de armonía, la guitarra española marca la diferencia, aunque nuevamente la flauta deja momentos muy especiales.

"That's why Broken Arrow
 Waved his finger down the road so dark and narrow In the evenin'"

3. “Sweet Thing”. La pureza de esta canción nos deja ver a un Van que pierde la inocencia y que mira al futuro de un modo romántico. La percusión tiene cierto protagonismo por primera vez en el disco y la acústica de Morrison, por muy repetitiva que sea, es tan especial que te tiene en tensión hasta el final.

"And I shall drive my chariot
Down your streets and cry
Hey, it's me, I'm dynamite"

4. “Cyprus Avenue”. Una calle de Bealfast inspiró la letra de este tema en el que el clavicordio se vuelve elemento fundamental en el desarrollo de la canción. Una mirada evocadora a la riqueza de ese barrio por el que paseaba el joven Van.

"I believe I'll go walking by the railroad with my cherry, cherry wine
If I pass the rumbling station where the lonesome engine drivers pine"

- PART II: Afterwards

5. “The Way Young Lovers Do”. Como si fuera una canción de banda sonora de película, entra en esta segunda parte del disco el bicho raro y adorable, con melodías tan bellas como inquietantes. El amor juvenil a ritmo de jazz para enmarcar el primer beso de una pareja adolescente

"We strolled through fields all wet with rain
And back along the lane again
There in the sunshine"

6. “Madame George”. La introspectiva del alma de Van inspirándose en siete mujeres diferentes y dibujando el retrato de su Madame George. Nuevamente le aborda la apetencia de escribir de modo espontáneo sin pensar mucho en lo que dice, por lo que, ni siquiera él sabe, según ha reconocido, de qué va la propia canción.

"The kids out in the street collecting bottle-tops
Gone for cigarettes and matches in the shops
 Happy taken Madame George"

7. “Ballerina”. Repleta de emociones, una de esas canciones que si solo atiendes a la voz, te lleva a todos y cada uno de los lugares que Van ha imaginado.

"But something deep in my heart tells me
I'm right and I don't think so
You know I saw the writing on the wall
When you came up to me Child, you were heading for a fall
"

8. “Slim Slow Slider”. Último viaje astral con un saxo soprano exquisito de John Payne. Una coda que hace aún más soberbio al disco que, para muchos, es el más grande de todos los tiempos.

"Saw you walking
Down by the Ladbroke
Grove this morning
Catching pebbles for some sandy beach
You're out of reach"

RockFM