Una corona de doce joyas

‘A Night At The Opera’ fue la última oportunidad que se dio Queen para no disolver la banda. El resultado es historia
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No quiero con este artículo convertirme en uno más que cuenta lo que todo el mundo ya sabe sobre la banda más grande que haya existido. Queen es ahora fenómeno mundial gracias a una basura de película que vuelve a poner a los británicos en el lugar que nunca debieron usurparle los Justin Bieber de turno. Pero es que lo han sido siempre y muy especialmente desde que este disco sale a la luz. Perdonad mi irresponsable afirmación, pero lo pienso firmemente.

Se ha demostrado que los mejores trabajos son aquellos en los que la presión es máxima y mínima a la vez. Máxima, porque tienen que demostrar que se puede rendir al más alto nivel y elaborar un disco antológico; mínima, porque el tiempo de elaboración no corre en su contra. Hablo de discos como el ‘Black Album’ de Metallica, el ‘Appetite For Destruction’ de Guns n’ Roses, el ‘Sgt. Peppers’ de The Beatles o este ‘A Night At The Opera’. Todos ellos tienen en común que están elaborados con mucho tiempo, amén del talento de cada banda y del cariño depositado en ellos… en él Queen necesitó más de cuatro meses de grabaciones en seis estudios diferentes y no quisieron que, a pesar de la cantidad de pistas utilizadas, hubiera ningún músico de sesión en el disco -por no mencionar esa frase célebre que aparece al pie de los créditos: No Synthesisers!-.

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El trabajo fue orgásmico, pero la repercusión lo fue aún más. Era la primera vez que utilizaban el logo de la banda en la portada, una imagen creada por Freddie Mercury bajo el paraguas de la simbología zodiacal en la que están representados todos los miembros: el cangrejo por Bryan May (cáncer), los leones por John Deacon y Roger Taylor (leo) y las hadas por Freddie (virgo); protegiendo a todos ellos un Ave Fénix como símbolo de renovación y en el centro la Q de Queen que, habitualmente, lleva en su interior la corona real, pero que, en esta ocasión, quisieron omitir. 

Todos componen y lo hacen a un nivel sobrehumano debido a las exigencias del guion: si este trabajo no hubiera funcionado, la banda, agobiada por las deudas que les habían dejado sus representantes, se hubiera disuelto. Pero claro, en él se incluye la mejor canción de la historia del rock, y lo hace rodeada de joyas que no han perdido, cuatro décadas y pico después, su brillo. Parece, además, que podía haber tenido aún más repercusión, ya que Freddie tenía en mente ya su “We Are The Champions”, pero no pegaba ni con cola si lo que pretendían era hacer un disco conceptual.

A finales de los 80’s, cuando mi afición a la música daba giros radicales de estilo cada dos meses, me metieron en vena a Queen. Recuerdo una excursión en la que uno de mis compañeros traía su casete de grandes éxitos de los de Freddie y yo un mix con mis bandas favoritas. Él me ponía “I Want To Break Free” y yo a Sinatra, él “Bohemian Rhapsody”, yo Depeche Mode; él “Somebody To Love” y yo INXS. Así nos pasamos las horas de autobús, fue un giro más en mi pubertad musical, seguramente uno de los más radicales, ya que ese sonido no estaba presente hasta entonces en mi cerebro.

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Desde entonces desempolvo los vinilos de Queen al menos una vez al mes para ver si mis vecinos lo acaban apreciando igual que yo, pero ellos en lugar de responder con INXS o Sinatra, lo hacen con golpes de escoba… después viene la poli, que tampoco parece que les guste demasiado. 

Aquí está la espinita clavada, verlos en directo. Pero, igual que me pasó con The Doors, vi a Queen sin su líder, pero los vi. Dos veces. Y no me defraudaron, ni ellos ni Paul Rodgers. Jamás olvidaré el momento en el que aparece Freddie Mercury en las pantallas para comenzar a cantar Bohemian Rhapsody, soñé que estaba y sigo pensando que así fue.


EL DISCO:

1. “Death On Two Legs (Dedicated to…”. Un piano agónico empieza una de esas canciones en las se refleja un odio que no es la tónica habitual de Freddie. Los instrumentos lo acompañan enfurruñados, simulando una respiración irritada para dar paso a la recriminación verbal hacia quien había sido su mánager y dueño de la discográfica con la que acababan de romper. Aquí se empieza a ver por dónde va a discurrir el trabajo, comienzan los coros a dar fuerza a la canción, unos coros que nunca se repiten, lo que hace aún más grande y original a la banda. Se empieza a ver también el estilo operístico que combinan con rock melódico e incluso algún toque flamenco.

"Dog with disease,
You’re the King of the ‘sleaze’
Put your money where your mouth is Mr. Know-all"

2. “Lazing On A Sunday Afternoon”. Pianos barrocos y de vodevil que se convierten desde esta época en parte de la seña de identidad del retrato de Freddie, aunque ya había coqueteado con este género en ‘Sheer Heart Attack’. 

"I Came from London town, I’m just an ordinary guy,
Fridays I go painting in the Louvre"


3. “I’m In Love With My Car”. Cantada por su creador, Roger Taylor, incluso se cuela en la pista el sonido del motor de su propio coche. Eso sí, lejos de hablar del amor por su auto, lo que esconde, en realidad, es una alabanza al sexo. Fue la Cara B del single “Bohemian Rhapsody” por pura cabezonería infantil de Taylor, que se encerró en un armario hasta que Freddie dijera que sí.

"Get a grip on my boy racer rollbar,
Such a thrill wen your radials squeal"

4. “Your’re My Best Friend”. Otro boom y otro compositor. Le tocó el turno a John Deacon en este tema en el que tuvo que aprender a tocar un piano electrónico con el fin de convencer a Freddie (que era quien tocaba el piano y estaba en contra del eléctrico) de que, con él, la canción iba a tomar un aire definitivo. Dedicada a su mujer y a la vida tranquila; ya sabemos que Deacon es el único miembro de Queen que, tras la muerte de Mercury, se negó a participar de las giras de la banda con Paul Rodgers y Adam Lambert, y vive en la paz de su hogar.

"You make me live
Whenever this world is cruel to me
I got you, to help me forgive"


5. “’39”. Con esta canción amanece. Bryan May canta y compone uno de mis temas favoritos del disco. El folk también tiene cabida en este disco. Con Deacon al contrabajo y esas acústicas enormes. Un drama de ciencia ficción que habla de los miedos de perder lo que tienes por enfocarte en cumplir tu sueño.

"Don’t you hear my call though you’re many years away
Don’t you hear me calling you"

6. “Sweet Lady”. Toques de classic rock mezclado con rock progresivo. Escrita también por May, una canción que pasa sin pena ni gloria por todo el cancionero de la banda. 

"You call me up and feed me all the lines
You call me sweet like I’m some kind of cheese"

7. “Seaside Rendezvous”. Espectacular tema para cerrar lo que antes era la Cara A del disco y que ya, ni se valora, ni se tiene en cuenta. A ritmo de ragtime, Freddie y Taylor preparan una orquesta vocal admirable. Incluso se atreve Mercury a imitar vocalmente al kazoo o al clarinete. 

"Seaside – whenever you stroll along with me
I’m merely contemplating what you feel inside
Meanwhile I ask you to be my Clementine"

8. “The Prophet’s Song”. El gran diluvio inspiró a May a escribir esta canción que es ya una ópera rock en sí misma. Experimentaron no solo con los coros de Freddie y sus infinitas repeticiones en estéreo, sino con la afinación de la guitarra, que suponía, en aquel momento, algo de lo más novedoso. Casi ocho minutos y medio de canción no apta para todos los gustos. Ojo al viento del principio que no es otra cosa que el aire acondicionado con un efecto phaser, también suena un koto japonés de juguete.

"God give your grace o purge this place
And peace all around may be your fortune"

9. “Love Of My Life”. Pocas joyas hay como esta en la corona de Queen. Aunque a todos nos venga a la cabeza su versión en directo con May tocando una 12 cuerdas y Freddie cantando en comunión con el público, este tema se concebía para piano y arreglos de guitarra, aunque May se atreve también con el arpa. Canción dedicada al que Freddie consideraba el amor de su vida, Mary Austin, su novia durante seis años. 

"Don’t take me away from me, because you don’t know
What it means to me"

10. “Good Company”. Es de admirar el dominio de las cuerdas de May, no ya porque toque magistralmente, sino por todos los sonidos que es capaz de sacar. Digo esto porque todos los instrumentos que suenan, a excepción de la batería, son guitarra, ukelele y una guitarra jazz con la que logra imitar sonidos cercanos a instrumentos como el clarinete o el piano. 

"Take care of those you call your own
And keep good company"

11. “Bohemian Rhapsody”. No sé si se puede hablar más de esta canción de lo que ya se ha hecho. Las obras maestras son para admirarlas, por eso creo que lo único que podéis hacer es ponerla a tope e intentar descifrar toda la producción que esconde. Solo una anécdota que me contaron hace tiempo y que yo mismo ni siquiera creo que sea real, pero que me encanta pensar que sí. Cuando Freddie tenía ya en poder el master de la canción se la pasó a un DJ amigo suyo para que le diera su opinión, ya sabéis que una canción de seis minutos no era fácil colar en la radio. Lo único que le pidió fue que no la emitiera, pero él, desoyendo a su amigo, no paró de ponerla durante todo el día; igual fue él el hombre al que mató…

"Mama, just killed a man (el resto os lo sabéis todos)"

12. “God Save The Queen”. Himno nacional arreglado por Bryan May para que sirviera, a partir de entonces, como cierre a todos los shows de la banda. Tremendo final.

RockFM