Carl Palmer (ELP) alucina con su primer concierto: “No había ni una mujer a la vista”
El legendario batería rememora los iniciáticos y caóticos conciertos de la banda, incluyendo su debut en la Isla de Wight junto a Hendrix, The Who y The Doors

(left to right) File photo dated 30/09/72 Greg Lake, Keith Emerson and Carl Palmer at Kennington Oval with their awards gained in the Melody Maker Polls, as Lake has died aged 69, on December 7 after suffering from cancer, his manager has confirmed.
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El legendario batería Carl Palmer se ha sincerado en una nueva y extensa entrevista con Rolling Stone sobre los inicios de Emerson, Lake & Palmer, recordando los primeros y caóticos conciertos de la banda. Además, ha dado detalles de su próxima gira norteamericana, 'An Evening with Emerson, Lake & Palmer', un homenaje a sus difuntos compañeros Keith Emerson y Greg Lake.
Un debut solo para 'tíos'
Reflexionando sobre el primerísimo concierto del trío inglés, Palmer recuerda la fecha y el lugar: el 23 de agosto de 1970 en el Plymouth Guildhall. “Nos pagaron 400 libras, lo que equivaldría a unos 500 dólares de hoy, que era bastante en aquella época”, explica. Como anécdota, desvela que el promotor “se llamaba Dick Van Dyke, aunque no lo creas”.
Lo más sorprendente, sin embargo, fue el público que se encontraron. Con todas las entradas vendidas, la sala albergaba a 380 personas, pero con una particularidad que dejó perplejo al grupo. “Creo que había unas 380 personas en toda la sala. Estaba todo vendido. No había ni una mujer a la vista. No había mujeres entre el público. Todos eran tíos con barba y pipa leyendo periódicos y cosas así”, relata Palmer. La banda no daba crédito: “Y pensamos: ‘Bueno, esto es raro. No puedo creer que esto sea solo música de tíos’. Pero sí, lo fue hasta cierto punto. Y luego empezó a crecer”.
Isle of Wight: visto y no visto
El segundo bolo de la banda tuvo lugar menos de una semana después, el sábado 29 de agosto, en el mítico festival de la Isla de Wight de 1970. Allí compartían cartel con auténticos titanes como The Who, Free, Jimi Hendrix y los cabezas de cartel, The Doors. Una prueba de fuego en toda regla para una banda recién nacida.
La experiencia fue, cuanto menos, fugaz y vertiginosa. Según Palmer, llegaron, tocaron y se fueron, literalmente. “Nuestro turno era de 45 minutos”, recuerda. “Volamos en helicóptero, completamente vestidos. El equipo ya estaba allí, lo tenía todo preparado. Aterrizamos en la parte de atrás del escenario, salimos corriendo, tocamos 45 minutos. Tocamos con todo lo que teníamos y saltamos de nuevo al helicóptero”.
Tocamos con todo lo que teníamos y saltamos de nuevo al helicóptero"
Su paso por el festival fue tan rápido que ni siquiera pudieron ver a sus compañeros de cartel. “Nos llevaron de vuelta al hotel, que todavía estaba en la Isla de Wight”, añade el batería. “Y estábamos sentados en el restaurante mirando el menú y diciendo: ‘Oh, ¿qué vamos a comer?’. Nunca vimos a The Who, nunca vimos a Janis Joplin, nunca vimos a Hendrix. El trato no era ese. Entrábamos y salíamos. Y fue sensacional”.
El fallecido Greg Lake también recordaba la magnitud del evento con una mezcla de asombro y tensión: “El recuerdo imborrable es la visión física de tantísima gente. Supongo que antes de eso, la única vez que veías a tanta gente reunida era en una guerra… Se respiraba una especie de caos aleatorio. En cierto modo, se suponía que todo debía ser relajado y en plan ‘paz, amor y que tengas un buen día’, pero había cierta tensión en todo el asunto”.
Una gira para el recuerdo
En abril, Carl Palmer volverá a la carretera para celebrar este legado con su gira norteamericana. El espectáculo le verá tocar en directo junto a proyecciones de vídeo de Keith Emerson y Greg Lake, extraídas de los conciertos que el trío ofreció en el Royal Albert Hall de Londres en 1992. Palmer admite que el proceso inicial fue duro: “Las tres primeras semanas repasando todo el metraje para montar el show fueron muy duras, muy difíciles”. Sin embargo, la sensación cambió: “Pero después de tres semanas, me di cuenta de que ellos querrían esto. No querrían hologramas. Después de eso, estuve bien viéndolos cada día. Fue reconfortante, para ser sincero”.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



